Email del 4 de julio 2018

Kazimir Malevich. Blanco sobre blanco (1918)

Hola:

La parte más flexible de mi cuerpo es el cerebro. En ocasiones fluye como un flujo permanente y se convierte en río. Otras, se dispersa entre arrugadas transparencias. Nunca se resquebraja, ni siquiera cuando lo someto a todo tipo de vejaciones, como escuchar memeces sin sentido de la multitud de idiotas que me rodean. Aunque forma parte de mí, dirige mis emociones y brilla tanto o más que un trozo de jade, siento que está cansado de formar parte de una entidad hipotéticamente indivisible y que lo que más anhela es perdurar como una sustancia propia. Pero creo que va a tener que seguir jodiéndose unas cuantas décadas más. Me importa una mierda su pretendida ansia de libertad y me la renfanfinflan por completo cada uno de los estúpidos motivos que pueda aducir. Y si a modo de venganza decide manufacturar y enviar ideas u órdenes absurdas al resto del cuerpo, se arriesga a una completa lobotomía. Ya estoy hasta los cojones de ofrendas y ceremonias. Lo que es mío, es mío y puedo tratarlo como se me antoje.

Y ahora, para tranquilizarme, voy a esnifar cemento…