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| Saul Steinberg. Untitled (Question Marks) (1960) |
Querida (¿querida?):
No soy un concentrado de resina de própolis, pero tampoco se puede decir que estoy en «esto» para derramar mi bilis sobre las cabezas de los que algunos denominan «víctimas sociales». Es cierto que me encanta desbarrar sobre la estupidez humana y que aproximadamente el 90 % de mis textos se deslizan por ese terreno tan infecundo y gredoso, pero también es cierto que mi artificiosa pretenciosidad es perfectamente lógica. Por supuesto, siempre que comprendamos que dentro de todo razonamiento dialéctico se parapetan principios disparatados. Si tú fueras una supuesta «víctima social» ya hace tiempo que no existirías, porque en mi particular «esto» no hay espacio para los sandios, ya lo sean de nacimiento o tardíamente asilvestrados. Si estoy en «esto» y no en «lo otro» es simplemente porque me resulta más sencillo permanecer que renunciar. Mi padre ya hablaba de mí en términos semejantes hace cinco décadas. Para él yo solo era un cobarde vago y caradura que merecía un futuro lo más mierdoso posible. Y así ha sido. No sé si mi «aquí y ahora» es tan mierdoso como él predijo, pero estoy convencido de que es mierdoso. Y cuanto más vivo el hoy, más añoro el nunca. Dicen que allí, en el nunca, no existe la mierdosidad. No existe básicamente porque no existe nada. Bueno, sí existe la Nada, pero no como nosotros la imaginamos, sino de una forma totalmente completa. Intentaré explicarme: para nosotros, los supervivientes asocialmente inquietos o incluso para las «víctimas sociales» todo lo que existe, y por lo tanto somos capaces de percibir, no son más que pequeños «estos» absurdamente incompletos a los que no vale la pena acercarse. Pero cada uno de esos pequeños «estos» absurdamente incompletos, esconden una o varias realidades insondables que, aunque no trastocan sus principios de insuficiencia parcial, sí podrían llevar a conclusiones francamente erróneas. Personalmente soy un seguidor de cualquier cosa que parezca o sea una conclusión errónea porque me acerca un poco más al absurdo; y el absurdo no es más que un minúsculo disparate; y el disparate hace que mi existencia sea sosegada, tranquila, quizá aburrida, pero sin rastro de compulsiones, provocaciones o perturbaciones. ¡Pero con infinidad de eyaculaciones! E imperfecciones. Y disquisiciones, perpetraciones, aceleraciones (jodido gin-seng), consumiciones, penetraciones, reclinaciones, admoniciones, meditaciones, afiliaciones, sucesiones… ¡Y pan de molde marca Bimbo!
Un día seré capaz de distanciarme de todo. O mejor dicho: puede que alguna vez deje de creer en los «estos». Ningún jodido «esto» va a financiarme la existencia. Pero es tan sencillo echarle la culpa a algo. ¿Un «esto» es algo? Varios «estos» son varios «algos». ¿Cuántos «algos» son necesarios para llenar un «esto»? ¿Por qué no existe el plural de algo? ¿Por qué existe el singular de testículos si normalmente suelen ir en pareja? ¿Por qué tengo tantas ganas de echar la papa? ¿Si pido ayuda a una bruja y acaba convirtiéndome en tejido ulceroso puedo denunciarla a la Dirección Pública de Sanidad? ¿Me atenderían en la Dirección Pública de Sanidad si soy un tejido ulceroso y no un ente con apariencia gallarda y humana? ¿Si no me atendiesen, dónde podría denunciarlo? ¿Quizá en El diario de Patricia? ¿Es todo realmente complicado o lo complican para mí? ¿Es lícito que salga a la calle y enseñe el pene?
Greg
