Email del 27 de noviembre 2011

Gerhard Richter, «Candle» (1982)

Hola:

Nacer es cuestión de suerte, morir necesidad; entre estos dos pasos pasos biológicos del ciclo de vida y muerte, adquirimos la facultad de razonar y, gracias a esa peligrosa y temible capacidad, desarrollamos una estúpida justificación existencial que nos permite negar la inutilidad del proceso. Pero mientras nos enfrentamos a la evidencia, el tiempo pasa….

Algunos viven porque no son saben cómo morir y los hay cobardes que prefieren transformar el dolor en placer, autoconvenciéndose día a día de que la vida es un regalo inapreciable y no una tortura recurrente, aunque por otra parte se muestran incapaces de alabar el contrasentido y sinsentido de la realidad que les atormenta. Su mayor y único aliado aliado en este juego de perdedores eternos es la razón. La razón, sí, esa palabra obscena que atosiga nuestros sentidos; ese vocablo procaz que sugiere y organiza los bajos instintos; ese término perfecto que inmoviliza con falacias complacientes.

Sólo tenemos que mirar a nuestros ojos reflejados en un espejo y sedados por los innumerables recuerdos registrados en nuestro dañado procesador, para percibir con absoluta certeza que estamos solos. Una palmada estimulatoria nos da la bienvenida a la soledad cuando nacemos y una oración aislada nos despide de ella.

Besos (de un trozo de carne ibuprofenado y paracetamolecido)

Pd: Hoy no me encuentro para escribir emails graciosos. He descubierto un montón de lamentos disfrazados de identidad irreal y como tú eres mi amiga, de alguna manera, estás obligada a llorarlos conmigo.