Querida amiga:
Mi desayuno de hoy ha sido similar en forma y cantidad al de todos los días: vaso de leche de soja y tostada con mermelada, aunque hoy le he añadido un nuevo producto, eso sí, sin desearlo. En principio era una manzana fuji muy lustrosa de apariencia, comprada junto con sus hermanas ayer por la tarde en una frutería de esas que abren los domingos; digo era, porque si bien visualmente era una fruta pomácea, en sabor era algo totalmente diferente. Trataré de explicártelo. ¿Te has comido alguna vez una caligaes, ya sabes, unas sandalias romanas? Pues yo sí, o por lo menos así sabían las pobres fujis, es más, su sabor era similar al de una caliga sudada de un legionario de la época de Plinio el Joven. Incluso me atrevería a decir que estas sabrían mejor. Lo que yo me he comido esta mañana no tiene descripción, te lo aseguro. Hace algunos años y por error me comí un gorgojo de la patata, pues bien, ese humilde coleóptero dejo mi viejo paladar más extasiado de placer y frenesí que la carne envenenada de dicha manzana. Ignoro donde fue cultivada, me imagino que en un pozo de petróleo iraní o en un campo de minas de Somalia, desconozco el nombre de los productos con que fue tratada para engañar al personal; incluso no puedo asegurar si el árbol que la produjo procedía de otros mundos o dimensiones desconocidas, sólo sé que lo que esta mañana me he comido puede producir en mí efectos perniciosos y duraderos.
Seguramente pensarás que soy un exagerado, pero no se trata de hinchar un hecho para producir hilaridad. Mira….no pensaba hacerlo pero te voy a contar qué ha sucedido después de vomitar los pedazos medio triturados de dicho fruto: como no sabía si todo el kilo restante estaría en las mismas condiciones «gustativas»-por llamarlo de alguna forma- cogí otra manzana, eso sí, esta vez la corté con un cuchillo para tratar de observar cómo era por dentro y lo que vi me dejó aterrado. Un gusano de aspecto refulgente y de color negro con algunos pelos repugnantes dormitaba gustoso cerca de la pulpa. Me imagino que al sentir rota su intimidad se enfureció, pues soltó un liquidito de color amarillo colitis que me remitió nuevamente a vomitar, esta vez en el cubo de la papelera pues estoy seguro de que no me hubiera dado tiempo de llegar al wc. Mientras me secaba la bilis de la boca pensé que lo mejor que podía hacer con esa perversa fruta era mandarla a un centro de investigación especializado en guerra bacteriológica, pero como no quise correr riesgos inútiles acabé por tirarlas todas a la basura.
En estos momentos me siento deprimido y con ganas de quemar la tienda del comerciante que me las despachó. Me imagino que aún le dolerá la barriga de tanto reírse por haberme endiñado tal ponzoña. Estoy pensando seriamente en sustituir la fruta por cajas de cd en mis próximas comidas.
