Email del 7 de febrero 2023

Unknown author. Woman with spectacles (19th century)

Aunque soy ateo desde que tengo uso de razón -y apóstata desde hace más de dos décadas- me gustan las mujeres cristianas que llevan gafas, aunque también me gustan las mujeres agnósticas que usan lentillas. Por esa razón me quedé muy afectado cuando acusaron de asesinato a una cristiana que llevaba gafas desde los siete años y a su prima, una guapísima agnóstica que, aunque en el pasado había usado lentillas, por aquel entonces también llevaba gafas. A las dos me las intentaba trajinar usando todos los trucos barriobajeros que hasta ese instante conocía. Por supuesto, a día de hoy conozco y practico muchísimos trucos más, algunos son tan arrabaleros como los que intenté con las primas, otros incluso peores.

Ambas drogaron y golpearon hasta la muerte al marido de la primera, la cristiana que usaba gafas, que por una de esas extrañas casualidades de la vida cambió los lentes por las lentillas cuando entró en prisión. Sin embargo, su prima siguió usando las gafas hasta que salió en libertad condicional y decidió no volver a llevar gafas ni lentillas aunque fuera por la calle dándose golpes a diestro y siniestro.

Yo seguí con mi vida, hostil y peligrosa, y con mis juegos sucios con mujeres con problemas focales. ¡Me trabajé a 123 en cinco años y medio! De esas 123 me acosté con 79 y para lograrlo tuve que prometer y prometer aunque afortunadamente jamás cumplí una puta mierda. Una de esas 79 féminas me contagió herpes varicela-zóster, meningitis, megaloeritema, rinitis, el virus de Epstein-Barr y pielonefritis. Yo a su vez la contagié con la gripe porcina.

El resto de la historia es tan horrible que prefiero seguir manteniéndola en riguroso secreto.