Email del 30 de marzo 2024

Vincent van Gogh. Basket of potatoes (1885)

Supermercado Romanesca patrocina este texto.
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La extraña sensación de Vulnavia 

Los datos específicos sobre la patata Vulnavia no llegaron a ser concluyentes. Quizá por esa razón Vulnavia nunca pudo ser cortada ni siquiera asada o frita como guarnición. Pero creo que me estoy adelantando a los hechos. Vulnavia Tuberosum formaba parte de un par de kilos de patatas semitardías adquiridas por una mujer de 47 años llamada María de las Mercedes Avellaneda Venegas, residente en Alboraya (Valencia) y que incluía a otros siete tubérculos más. Desafortunadamente solo se conoce el nombre de tres de ellos: Vulnavia, Humham y Zonie, pero se cree que dos de los cinco restantes podrían estar relacionados de alguna forma con Vulnavia o con Zonie, su compañero sentimental pseudorizomatoso. Sea como fuere, por alguna razón desconocida hasta el momento, María de las Mercedes decidió a última hora sustituir las patatas asadas con queso manchego y tzatziki por carpaccio de calabacín, por lo que «los ocho de los dos kilos», como fueron llamados a partir de ese instante, obtuvieron un valioso regalo: ¡tiempo!

El tiempo es una magnitud. Una magnitud es una propiedad física que puede ser engañada, vapuleada o despedazada, aunque la mayor parte de los individuos prefieren no demostrar sus aptitudes vesánicas, sobre todo si están acompañados. Los testigos pueden convertirse de repente en un enorme y doloroso grano en el trasero. Obdu no era de esos. En realidad se llamaba Obdulio y era el marido de María de las Mercedes. Un papel enmarcado lo certificaba. Llevaba tantos años escondiendo patatas o simplemente trasladándolas del cesto donde debían esperar en martirio culinario  hasta cualquier otro lugar lejos del cuchillo de aquella asesina gastronómica que se sentía hijo, primo o incluso hermano del tiempo. A veces lo conseguía. Otras no. Entonces, solía acostarse en su cama, distante en 45 pasos de la de ella y fabricaba calladamente lágrimas ovaladas semejantes a cristales de lámparas como las que colgaban del techo del comedor de mi abuela.

La reunión estaba finalizando. Zonie dispuso la fuga que fue secundada por los siete restantes. Los siete de los ocho. Los ocho de los dos kilos. De repente Humham gritó al resto que solo eran unas míseras papas y que los tubérculos carecen de patas y sin patas la locomoción es inviable. Vulnavia le contestó mirándole directamente a una de las yemas y le echó en cara su cobardía. Uno de los sin nombre intentó defender la postura de Humham pero fue abofeteado por Zonie, que no tardó ni siquiera un segundo en pedirle perdón. Estaban a punto de finalizar la asamblea cuando vieron una cabeza enorme asomándose por encima de ellos. Era Obdu.

——No os preocupéis pequeñitas amigas. Vengo a salvaros——, susurró Obdulio mientras las recogía ceremoniosamente y con un cuidado que haría vomitar de envidia al mejor recolector de setas del condado. ——Ya sé que no podéis escucharme, amiguitas mías. No voy a dejar que esa bruja gorda os destroce simplemente para saciar sus instintos de chef restaurador. Venid. Os trasladaré a un lugar seguro. Pero hemos de darnos prisa. Esa maldita asesina de tubérculos, hortalizas y verduras en general no tardará en regresar a casa.——

El viaje duró cerca de 28 minutos. Media hora es lo que se suele tardar andando a paso firme, 49 si se camina de una manera humanamente natural y 118 minutos si en lugar de caminar el desplazamiento se realiza mediante saltitos o a la pata coja. Claro que si se coge un taxi los 28 minutos pueden reducirse a menos de diez, aunque la mayor parte de la gente que recorre ese trayecto diariamente está convencida de que no deberían recorrer ese trayecto a diario sino en jornadas alternas o un máximo de dos veces a la semana.

——¿Veis? ¿Podéis sentir la tierra? No sé si es parecida a la que os vio nacer, pero es tierra. Me gusta la tierra.—— Mientras trataba de hacerse entender, Obdu sintió que lo que acababa de hacer, al igual que en otras ocasiones anteriores, le iba a pasar factura en cuanto llegase a casa y tuviera que rendir cuentas a María de las Mercedes, pero en esos momentos le daba igual. ——La tierra es terrosa, si no lo fuera no se llamaría tierra jijiji. ¿Sabéis… tenéis idea de la cantidad de tipos de tierra que existen en el mundo? ¿El mundo? No sé por qué os hablo del mundo si nunca he salido de mi ciudad. Pero creo que os estoy mareando, pequeñas. Aquí estaréis a salvo. Aquí estaréis a salvo. Aquí…——