Email del 27 de mayo 2015
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| Eckart Hahn |
Hola:
Ayer la vi por última vez. Era una bolsa de basura con cierre, de color azul, tamaño mediano, es decir, para cubos de basura normales, de los que todos tenemos en nuestras casas, biodegradable, posiblemente fabricada con petróleo fundido y convertido en un tipo de polímero termoplástico conocido como polietileno. He pasado cerca de tres horas buscándola y no la he podido encontrar. Supongo que mientras dormía alguien me la ha robado. Pero la cerradura de la puerta está intacta y nadie tiene copia de mis llaves. Lo más seguro es que un ladrón se haya deslizado por la bajante del deslunado y haya entrado por la ventana de la cocina, que suelo dejar abierta. Si es así, ese maldito caco ha sabido cómo hacerme daño. De todas mis posesiones, esa bolsa de basura con cierre era la más preciada. ¡Aún recuerdo cuando compré el paquete de 50 bolsas! Y lo dichoso que me sentía mientras una a una eran utilizadas. Me encantaba su resistencia, textura, su inteligente sistema de antidesgarro y de antiperforación y sobre todo, su cierre fácil mediante unas asas que también me facilitaba transportarlas repletas de inmundicias de una forma muy cómoda y casi sin esfuerzo.
No te adjunto las cifras de un análisis (en peso y volumen) que hice en febrero sobre el tipo de residuos con los que llenaba dichas bolsas porque la pena me consume; pero puedo asegurarte que los resultados fueron concluyentes. Quizá, llegado a este punto, te gustaría saber de qué marca eran y cómo llegué a descubrirlas. Y estás en tu derecho. La marca no te la voy a decir, no quiero que se me acuse de hacer publicidad, sobre todo con mi largo historial anti SS (sistema y sociedad), pero no me importa en absoluto contarte de qué manera di con ellas. Sucedió cierto día delante del ordenador; aburrido de navegar por cientos de webs pornográficas repletas de fotos de desnudos y posiciones imposibles, decidí dar un rumbo a mis criterios de búsqueda y me metí en un blog sobre asesinos psicópatas. Mientras me empapaba con las biografías de descuartizadores famosos me di cuenta de que cuatro de cada cinco prefería asfixiar a sus víctimas con bolsas de basura. Y que casi la totalidad de criminales psicóticos utilizaba una marca específica. El resto puedes imaginártelo.
El problema surgió hace unas pocas semanas, cuando de casualidad me enteré que la fábrica que producía dichas bolsas había cerrado debido a la crisis. Por esa razón guardaba la última con pasión desbocada y la reverenciaba a escondidas. Pero ahora todo ha acabado. Un desgraciado ratero carente de moralidad y principios ha puesto punto final a mi sueño. Espero que su vida y la de su familia sea un verdadero infierno.
Un abrazo
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