Email del 30 de marzo 2023

Un amigo mío, actor en paro y dramaturgo ocasional, me ha pedido que le escriba el prólogo a su tercera novela titulada ¿Por qué no puedo meterme lo que quiera en el orificio corporal que se me antoje, a la hora que sea y en el lugar que libremente elija, sin hacer daño a nadie y sin tener que sentirme como un leproso fugado de un lazareto? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? Cuando le he contestado que lo haría con mucho gusto ha estallado en vítores y aplausos, sin embargo cuando le he insinuado que el título me parecía un poco largo, gratuito y lloriqueante se ha puesto a la defensiva y ha arremetido contra mí y contra las tres cuartas partes del planeta.
AMIGO: Greg, ¿Por qué no puedo titular mi obra como yo quiero o como creo que debe titularse, haciendo lícito uso de ese pedacito de mi libertad individual sin que gente como tú, que creen que lo saben todo, tengan que meter sus colmillos ofídicos en todo lo que desconocen por completo? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?
YO: Pero, tío… solo te estaba diciendo que podías haberte exprimido un poco más el cerebro a la hora de titular el…
AMIGO: ¿Por qué debo aguantar consejos bienintencionados cuando odio los consejos, tengan o no buena intención, si yo jamás doy consejos a nadie que no me los haya pedido o suplicado con anterioridad? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?
YO: Bueno… te pido perdón. No era mi intención herir tus sentimientos.
AMIGO: ¿Por qué todos los que se divierten hiriendo mis sentimientos terminan suplicándome el perdón una y otra vez si saben que no soy capaz de perdonar una afrenta de dimensiones tan aterradoramente considerables? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?
YO: No soy capaz de darte una respuesta en estos momentos. Me siento fatal. Creo que no debería haberme levantado esta mañana…
AMIGO: ¿Por qué los que me han ultrajado en alguna ocasión terminan sollozando como rameras a las que no les han pagado un servicio, en lugar de meditar con antelación cada una de las malditas palabras que salen de sus mugrientas bocazas? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?
Después de despedirme de él, prometiéndole que a partir de ese instante trabajaría duro para convertirme en una persona sencilla, bondadosa y plenamente racional, y que tendría listo su prólogo en dos o tres días a lo sumo, me senté en un bar y dejé volar mi imaginación. Mientras algunas de mis ideas intentaban sortear un cúmulo de nubes negras con forma de conjunción causal, otras se posaban como si fuesen relámpagos ionizados sobre un pararrayo de aspecto antiguo. Cuando trataba de poner en orden los acontecimientos, la voz de la camarera me golpeó como si fuese un conjunto difuso aterrorizado tras escuchar un criterio arbitrario.
CAMARERA: Señor, llevo 5 minutos esperando que regrese al planeta. ¿Qué quiere tomar?
YO: ¿Si tu deber es mostrar una sonrisa y, si es necesario, esperar a que un cliente sepa qué es lo que realmente le apetece tomar, entonces, por qué osas interferir en mis ensoñaciones específicas? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?
CAMARERA: Perdóneme. Lo siento. Por favor, no se lo diga al dueño o me despedirá de un puntapié.
YO: ¿Por qué cree usted que yo, un tipo que desde siempre ha estado volcado en erradicar el sufrimiento ajeno, voy a ser capaz de tal acto de bajeza moral y de cobardía gratuita? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?
CAMARERA: ¡No! Yo no creo eso. Se le nota por su aspecto que usted es un adalid de la misericordia y de la conmiseración.
YO: Si usted no es española, sino asiática, posiblemente china, ¿por qué se expresa de esa manera tan maravillosa y brillante que me hace enmudecer de envidia? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?
Ahora estoy sentado en la sala de espera de un estomatólogo odontólogo. No tengo hora con él, ni siquiera con su mujer o su hija, pero me encanta ojear las revistas que su recepcionista compra para que las lean los pacientes. Además la enfermera es gallega y yo siento predilección por los asturianos. Cuando acabe de leer el artículo sobre mesitas de noche de la revista Mi casa volveré a la mía y trataré de escribir el maldito preámbulo, aunque en realidad lo que verdaderamente me gustaría es estar despierto. ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? Porque todo esto debe formar parte de un jodido sueño.
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