
Amiga:
Hace un par de años asistí a un congreso sobre la felicidad. En realidad tenía una invitación a una conferencia sobre los múltiples beneficios de la infelicidad que se ofrecía en la misma calle. Las prisas me jugaron una mala pasada y entré en el local equivocado. Observar los caretos y escuchar las memeces de tantos tipos y tipas completamente satisfechos con sus existencias me pasó factura. Mientras me sacaban en una camilla echando espumarajos por la boca y me empotraban contra la pared metálica de la ambulancia del SAMU, reflexioné acerca de ese concepto tan abstracto y llegué a una inusitada conclusión. Días más tarde, cuando me dieron el alta en el hospital y volví a la solemne decadencia de mi hogar, aproveché un aflato repentino para escribir acerca de la tristeza sobrecogedora, las circunstancias y el insostenible peso de la existencia. Como el texto resultante, que todavía carece de título, es imprudentemente extenso (634 páginas) y su desarrollo está demasiado cercano a las tres grandes íes, es decir, incoherencia, insensatez e irracionalidad, he decidido recomendarte que no lo compres cuando sea editado, aunque voy copiarte un pequeño extracto que, de alguna manera, define y resume la absoluta totalidad del tocho.
Cuando se aceptan las circunstancias, uno puede abordar la existencia sin alebrarse y con un cierto aire de misterio. Este misterio puede presentarse como un abigarrado boscaje a través del cual uno, perdido, con el tiempo prestado y con la concentración al límite de la alienación más absoluta, pretende llegar a alguna parte. A cualquier espesura silenciosa repleta de oscuridad evanescente donde vea satisfechas sus necesidades intelectuales, emocionales y, sobre todo, sociales. En otras palabras, reflejándonos en el lugar donde nos encontremos en cada instante.
Tú eres el reflejo de dónde te encuentras en este momento.
Él es el reflejo de dónde se encuentra en este momento.
Ellos son los reflejos de dónde se encuentran en este momento.
Por lo tanto, y como he subrayado anteriormente:
Yo soy el reflejo de dónde me encuentro en este momento.
Y me encuentro en ninguna parte.
Y me encuentro en ninguna parte.
Y me encuentro en ninguna parte.