
Hola:
Hoy me he levantado guapísimo. Claro que quizá los comprimidos de Microzepam que me tomé anoche tengan algo que ver, pues normalmente me levanto con la inestimable ayuda de los pies y las piernas. Antes de prepararme el desayuno me he preparado para prepararme el desayuno. Si no me preparo un poco antes de cualquier otra preparación, los resultados suelen ser a menudo desconcertantes. ¡Ah!, creo que hoy va a ser un gran día, pues solo he tosido 23 veces y mis escupitajos no han sido tan espesos y verdes como en anteriores ocasiones. Quizá, si me pusiera en manos de un restaurador, valdría más dinero, pero como ya no vivo de mi extraordinario físico, prefiero dedicar el dinero que obtengo atracando a atracadores en otros menesteres, como por ejemplo, la papiroflexia. Ayer intenté por primera vez representar una aorta descendente con un folio, pero el resultado no me dejó satisfecho. Espero mejorar en las próximas jornadas, pero si por una de aquellas no mejoro, me prepararé para mejorar o mejoraré preparándome, lo que prefiera en ese momento. Habrás observado que no he mencionado que me haya bañado o incluso limpiado o exfoliado la cara. ¿Te importa mucho que no me bañe? Porque a mí no me importa en absoluto. Si te incomoda verdaderamente o te desestabiliza, puedo llamarte por teléfono y prometerte que me he bañado con un gel neutro y después he aplicado encima de mi perfecta piel un millón de potingues y cremas, pero no sería verdad. No necesito agua para mantenerme inmaculado. No necesito prepararme para no necesitar agua para mantenerme inmaculado. No necesito prepararme para prepararme para no necesitar agua para mantenerme inmaculado. No necesito prepararme para prepararme para prepararme para no necesitar agua para mantenerme inmaculado. Nunca he aparentado la edad que no tengo, ni siquiera la que tengo o la que nunca debería alcanzar si deseo dejar de prepararme alguna vez y vivir una existencia plena. Las preparaciones desgastan, pero son absolutamente necesarias. Imagínate que asisto a una reunión de lo que sea, una reunión de restauradores garbanceros, por poner un ejemplo, y acudo sin una o dos previas preparaciones, ¿cómo podría defenderme de los furibundos e injustificados ataques del resto de humanos al advertir mi extraordinaria superioridad física e intelectual? Para eso sirve la preparación.
A veces, sobre todo cuando siento esa especie de aversión endémica hacia mí mismo, en lugar de prepararme para dibujar una santa sonrisa o incluso para llevarme la contraria, me abandono, me desordeno y obstaculizo cualquier intento de preparación que pueda surgir. No, no soy feliz desatendiendo los proyectos preparatorios, pero en esas ocasiones no existe otra solución. Afortunadamente, cuando el enojo se disipa, vuelvo a preparar y preparar con mayor tesón y con resultados extraordinarios y preparo preparaciones de emergencia que oculto en bolsitas de lona y que siempre llevo encima de mí. Excepto cuando he de prometerte que me baño con geles y después aplico sobre mi perfecta piel un millón de potingues y cremas. Aunque el baño no es realmente físico, sino un enorme y descarado embuste, no tengo claro si las bolsitas de lona con las preparaciones de emergencia podrían llegar a mojarse.
Ahora voy a dejarte. Necesito preparar algunas cosas. Cuando las haya preparado, prepararé otras. Y después, me prepararé para afrontar las nuevas preparaciones. Ya sé que piensas que mi vida está totalmente preparada, pero no es así. Todavía no soy capaz de preparar con suficiente antelación o preparar sin que se note que algo está preparado. Supongo que mejoraré intentándolo con ahínco. Pero para que el ahínco surja efecto, antes he de prepararlo.
Greg