Email del 23 de noviembre 2023

Robert Barry. All the things… (1969)

Me encontraba leyendo un extenso artículo sobre un artista excéntrico desbordado por su propia sobrecarga cognitiva.  

«Existen una serie de garabatos que reflejan convenientemente la transformación subjetiva de Calixto Sandemetrio. En el dibujo número 73, fechado el 11 de febrero de 1945, titulado Variaciones calisténicas, se describe por medio de 197 rayitas discontinuas blanco-rojizas el quinto despertar sexual de su fámula, Genoveva Pedraza. Según Olivio Ocampo, el biógrafo oficial de Ursulina Vega, amante clandestina de Genoveva, Calixto era incapaz de olisquear berros mastuerzos sin sentir sudores fríos recorriéndole el mesenterio, acción (con su consiguiente reacción) que le sumía en una contínuo decaimiento del que solo salía apechichando topillos. El 7 de julio de 1946 describe en una carta enviada a sí mismo Variaciones enfermizas (sic) como su mejor chafarrinada en años, aunque está totalmente seguro de que en su nuevo bosquejo irá todavía mucho más lejos. Como pasan un par de meses y no recibe respuesta suya, decide comenzar Tufillos (dibujo número 74, fechado el 29 de julio), en el que intenta plasmar su existencia con una amargura verminosa que raya en la perturbación vesánica más extravagante».

Mientras intentaba descifrar esa jerigonza filológica utilizando un diccionario editado en febrero de 1927, no dejaba de preguntarme para mis adentros si debería o no seguir con la lectura o aparcarla en el cajón donde generalmente guardaba la literatura que se me atragantaba.

«A mediados de abril de 1947, Calixto decide suprimir la decimosexta letra del alfabeto de su nombre y para celebrarlo garabatea en un refajo Necesito que alguien no venga jamás, el apunte numerado 73-B y sin fecha real. El boceto es rico en chafarrinones, máculas, chorreos y salpicaduras. Tres días más tarde se promete con Adelina Vidal, que llevaba muerta 34 años y decide cambiar de talante y de paso comprarse unas nuevas polainas. En su siguiente obra, titulada La protuberancia infinita, fechada el 56 (sic) de noviembre de 1948 (numerada 74), Calixto intenta demostrar por medio de trazos despeinados y líneas atusadas que el contenido de su intestino es particular, como el patio de su casa, que cuando llueve se moja como los demás».

Tras darle vueltas en mi cabeza al párrafo decimotercero decidí que me apetecía hacerme una paja. El problema era que desde mi más temprana adolescencia era incapaz de llegar al orgasmo si no me miraban y aplaudían 6 o 7 mujeres de distintas edades y nacionalidades. Como eran las ocho de la tarde y buscar un público de esa guisa se antojaba una tarea onerosa, resolví la situación contratando a toda prisa a 5 fulanas. Un par de horas más tarde, cuando las putas se marcharon, por cierto, no muy contentas con el precio pactado, agarré con fuerza la revista donde estaba publicado el artículo y continué sádicamente con la lectura.

«En Nada surge del todo (Febrero 1949/Número 75) Sandemetrio adopta un punto de vista diferente: por medio de sombreados realmente luminosos se somete al espectador a una vorágine de pseudosemiótica insudada y a menudo ontológicamente esquematizada».

De repente un bostezo caballuno seguido de un grito pepepotámico salío de mi garganta en dirección hacia la pared de la derecha, aunque rebotó con un ángulo muerto y acabó incrustándose en el techo de pladur. Afortunadamente éste aguantó sin demasiados problemas la energía y yo me sentí por primera vez en años feliz y dichoso. La primera idea que me pasó por la cabeza fue llamar a los escayolistas para felicitarlos, pero pronto deseché el plan y opté por arrancar de la revista las hojas que contenían semejante ensayo biográfico y pegarle fuego, pero como lo hice con poca determinación y demasiada prisa, solo le pegué feugo, o quizá foueg, o yo que cojones sé…


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