enero 2024

Email del 25 de enero 2024

James Ensor, The Drunkards (1883)

Los casos de El churrero castañero García Pérez: El último caso.

——¡Señor García Pérez! ¡Parece un pirata! ¿Viene de una fiesta?

Quien así hablaba era el cabo Durango, uno de los suboficiales más chistosos de su cuartel. A menudo cuando ejercía de chungón o guasón solía atusarse el bigote mientras dibujaba una ola imaginaria con un movimiento rápido de su mano derecha.

——Cabo, llevo un parche porque tengo el ojo bas-tan-te jodido. El puto nervio o-cu-lo-mo-tor ¿Dónde está el fiambre? Y ya puestos,¿dónde está el sargento Aguayo?
——Ambos están juntos en estos momentos… ¡Pero no revueltos! Jajajaja. La habitación de la derecha, al fondo.

El churrero castañero y detective aficionado García Pérez se dirigió hacia donde le indicaban con parte del ímpetu heredado de su abuelo Cosme y sorteando una nube de guardias civiles y forenses encontró al sargento agachado sobre lo que parecía un cadáver.

——¡Señor García Pérez! ¡Parece un pirata! ¿Viene de…?
——Hola sargento Aguayo. No, no vengo de una fiesta. Tengo un pro-ble-ma óptico. Nada grave… espero. ¿Quién era el fallecido?
——Se llamaba Lucindo. Lucindo Sierra. Agáchese. Mire cómo han dejado su torso.
——No puedo a-ga-char-me, ya sabe, la puta ciática, pero puedo ver per-fec-ta-men-te que lo han acuchillado de una manera bárbara.
——Grotesca sería la palabra que yo utilizaría, señor García Pérez.
——¿Quién encontró el cadáver?
——La mujer que limpiaba la casa y, parece ser, en ocasiones le calentaba la cama. Pero aún es pronto para tener más datos. Como verá la Científica aún sigue por aquí…
——¿Ha tomado café esta mañana, sargento? Le invito a uno.
——Buena idea. Aquí todavía no pintamos nada. Unos 50 metros más abajo hay una pequeña taberna. ¡Cabo Durango, Ma marcho con el señor Pérez García…
——¡García Pérez!
——… Con el señor García Pérez a tomarnos un carajillo. Bueno, dos carajillos, uno cada uno… Le dejo al mando de todo. Volveremos en un cuartito de hora.

La tasca se llamaba Deuteronomio y a primera vista parecía que estaba anclada en el pasado. Sin embargo, como disponía de un buen surtido de sillas y mesas, todas vacías, aunque bastante limpias y otro buen surtido de licores de todas clases descansando en unos anaqueles de madera diseñados seguramente por el tatarabuelo de alguien, les pareció tan bien a nuestra pareja de defensores de los fiambres que rápidamente pidieron su primera ronda alcohólica y se acomodaron en una esquina. La conversación se existencializó demasiado pronto, seguramente con el refuerzo de los innumerables cafés tocados de Baileys.

——Siempre, du-ran-te toda mi vida, me he sentido más joven de lo que era, sin em-bar-go, desde hace unos pocos años me siento más viejo de lo que soy. Y créame, sar-gen-to Aguayo, soy mucho más viejo de lo que re-al-men-te me gustaría ser. Quizá por esa razón, o puede que para lidiar con mi eterno de-sa-so-sie-go interior, o incluso por lo debilitado e-mo-cio-nal-men-te que me siento por lo del ojo, hace unos días me puse en contacto con el comité de de-cum-ben-tes nocicepciónicos (CDN) y les invité a que ejercitaran conmigo sus mis-te-rio-sos y secretísimos ejercicios de constricción inversa (ECI). La-men-ta-ble-men-te y debido a las prisas y a cierto nerviosismo innato te-le-fo-neé al ECI y les supliqué que me realizaran lo más rápido posible un CDN. Por supuesto, en el ECI (E-xan-gui-nan-tes Conticínicos Impenitentes) no tenían ni idea de lo que significaban las siglas CDN y me colgaron el teléfono, no sin antes haberme suplicado que me bebiese un cubata de etilenglicol.
——Le entiendo perfecta, ups, perfectamente. Cuando “todo” es “nada” es imposible plantearse nada.
——Sargento, no en-tien-do lo quiere decir.
——Me refería, Señor García a esa presencia tan fascinante como espeluznante que se incrusta dentro de nuestros cuerpos y nuestras esencias.
——Supongo que se re-fie-re a lo que Rudolph Otto llamó “experiencia de lo numinoso”.
——En realidad no sé a qué me refiero. Estoy demasiado borracho, o casi borracho, como para saber distinguir entre ese “todo” y esa “nada” de la que le hablaba antes y que usted no entendió. ¡Estoy harto de cuerpos despedazados, guantes de nitrilo azul e informes anal… ups, anatomopoto… patalógi… ¡Anatomopatológicos! ¡Informes anatomopatológicos! Cuando era joven me encantaba ver pasar esta existencia de mierda. Ahora que ya soy mayor, o por lo menos mucho más viejo de lo que era cuando sentía por mis venas el ímpetu de la juventud… no sé si me entiende, García, pero si me entiende, por favor trate de explicarme lo que trato de decir…
——Sargento Aguado, ¡Aguayo! me deja sin habla y li-te-ral-men-te anonadado. Es usted el mejor trabucador que he conocido.
——García, estoy cansado. Cansado de estos tiempos de sexualismo avanzado, de flatulencias permanentes, de perforaciones septales, de lujo y exclusividad, de fornicación impenitente. Pero también de adoraciones eucarísticas, de reverberaciones improbables y de alergias, resfriados y gripes. No me queda mucho. Se lo digo en serio. ¡No me queda mucho! Pero aún así, me parece demasiado. No sé si podré soportarlo.
——Sar-gen-to, re… recuerdo un día… Bueno, al principio creí que se trataba de otro día cu-al-quie-ra, sin embargo fue uno de los días más ex-tra-ños de mi vida. ¿Sabe por qué? Ese día, ese puto día espagueticé un tallarín. Y después de es-pa-gue-ti-zar-lo me sentí henchido.
——¿Quiere, qui… quiere decir ahito?
——Sí, henchido, ahito, colmado, atiborrado… pero también atarugado…
——¿Quiere, de de decir que no sabía que hacer ni ni qué decir?
——¡Exacto! ¡No-ci-cep-ti-vo y nociplástico!
——Soñor, señor García, ahora soy yo el que no le sigue…
——Perdóneme, sargento, sim-ple-men-te ma salió esa vena “épater le bourgeois” que llevo den-tro, aunque desde luego este no era el lugar ni el mo-men-to… En instantes así, quiero decir, cuando ver-da-de-ra-men-te me encuentro muy jodido siempre pienso en lo que decía Nietzsche.
——¿Qué decía ese tipo?
——Trataré de ex-pre-sar-lo de carrerilla… vamos a ver si soy ca-paz… «Hoy no vemos nada que as-pi-re a ser más grande, ba-rrun-ta-mos que descendemos cada vez más abajo, más abajo, hacia algo más dé-bil, más manso, más pru-den-te, más plácido, más mediocre, más in-di-fe-ren-te, más chino, más cristiano -el hombre, no hay duda, se vuelve cada vez ‘me-jor'»
——¡Pues vaya!
——Exacto, zut alors.
——¿Sabe, sssseñor Garciperez ez, hace un par de añosss nos dejó un cabo. Quiero decir… no, no palmó, simplemente se cansó hip de la vida de picoleto impenitente y se largó. Como dibujaba, y por cierto, bastante bien, dibujó, editó, fi… financiado por él ismo… mismo y su cuñado un tebeo… un comic titulado Spiderman’s phallus, que como usted sabe en inglés quiere decir El falo de spiderman, o El falo del hombre araña. Temiendo una denuncia de los herederos del dibujante original, que no sé cómo cojones se llamaba, escribió pidiendo permiso a la editora, creo que Marpel o algo así.
——Marvel
——Sí, sí Marvel. Pues como le iba diciendo pidió permiso a la marvel para poder publicarlo y la editorial… ¡se lo concedió! Y se convirtió en un fenómeno, sobre todo en América. En España no se editó, creo. Puede que ahora ya esté publicado, no sé. Tengo el primer número en casa. Me lo regaló un día que coincidí con él en ikea. Mi inglés es bastan… ups… limitado pero aún así me pareció una maravilla. Spiderman es mordido por una araña que le provoca prinosequé… ¿puede ser priopisto?
——¿Priapismo? ¿Erección pro-lon-ga-da?
——¡Priapismo! ¡Exacto! Como le decía, al ir empalmado en todas las viñetas el resultado es bastante hilarante. En una escena se queda atrancado al pasar por una ventana… Lo que quería decirle con todo este blablabla incesante es que igual le sigo los pasos al ex-cabo.
——¿Cómo? ¿Se va a hacer di-bu-jan-te?
——No, por supuesto, yo soy incapaz de dibujar ni siquiera una recta continua… una raya recta… pero sí puede que deje el cuerpo.
——¡Pero sargento! En rea-li-dad le comprendo bastante bien. Yo dejé la chu-rre-ría y la castañería hace casi una década. Se incrustaba demasiado en mi e-xis-ten-cia y no me permitía progresor… hum… quiero decir pro-gre-sar. Estoy escribiendo un libro. Ya casi lo tengo fi-ni-qui-ta-do. Se titula Los flatos me aportan flo-ta-bi-li-dad. Es un pequeño ensayo humorístico sobre las per-so-na-li-da-des poliédricas. Aunque es un texto de humor intento que resulte pro-fun-do. Tan profundo como un a-gu-je-ro negro supermasivo.
——Usted escribe muy bien. He leído al al alguno de los artículos que escribió para la revista que publicaba el gremio de churreros-castañeros. ¿No se acuerda? Usted me regaló algunos números… claro que de esto hace tantísimos anos… años.
——No sé si es-cri ¡uf! escribo bien, pero lo intento. Me gusta intentar. Intento es-cri-bir. Intento hablar sin estas ho-rri-bles pausas en algunas palabras, aunque no lo consigo. Intento alejarme de los im-bé-ci-les… Intento cual-qui-er cosa que sea proclive a ser in-ten-ta-da. Mi hermana Federica dice que soy el mejor in-ten-ta-dor del barrio.
——Pues yo, sargento García. ¿Pero qué digo? El sargento soy yo. Maldito Baileys. Pues yo, señor Garcíaaa soy uno de los mejores desistidores nacionales. Puede que hasta del mundo. Me encanta desistir. Amo desistir. Si por mi fuese me quedaría todos los días en la cama.
——Mi hermana Federica es cli-no-fí-li-ca y …
——¿Clinoqué?
——Clinofílica… La cli-no-fi-lia es un estado nervoso… nervioso que conduce al pa-cien-te a no tener ganas de levantarse de la cama.
——Pues entonces yo soy un clino… clino… Bueno yo la padezco, pero no tengo más cojones que levantarme para currar y ganar algo de pasta. Es muy duro tener que pasar una pensión a dos exmujeres… ¡Coño! ¡Hostia puta! ¡Señor Gar-cicía! Son las… Son las… ¡Llevamos aquí casi cinco horas!

——¡Dios mío! La que se va a armar. Nos… nos… le estarán bus-can-do por todas partes
——¡Que se jodnnn… jodan. ¡Vámonos! Por el camino nos inventaremos un cuento. Arriba, ups… ¡arriba todos!… con marcianidad… marci… marcialidad… ¡Ea!

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Email del 14 de enero 2024

Algunos amigos míos están convencidos de que mi hipótesis sobre la serenidad de los sedentes, que conforma el capítulo XV y parte del XVI de mi último libro Muscimol contra la hipofrenia, es un plagio más o menos nesciente de un texto poco conocido escrito a principios del siglo pasado por Puajj Didimovich, un escritor de ascendencia eslava aunque nacido en Castellón que se hizo relativamente famoso por tartamudear en sus textos escritos.

Hace un par de meses recibí un lamento esquizoide en forma de email de mi examigo Botulfo F. en el cual expresaba su desconcierto por la deriva que estaban tomando mis escritos, seguramente debido a la amalgama de soledad, broncodilatadores y Acqua Tofana (sic). En los últimos párrafos, B.F. llegaba a la conclusión de que toda mi obra, 37 libros y multitud de conferencias estaban directamente «extraídas» de los siguientes cuatro versos (número 234, 235, 236 y 289) del poemario Moxibustión de Puajj Didimovich que transcribiré a continuación:

Tu cabebebeza tiene la forma dedede un pepino de mar
repleto de pisotonesnes de a-a-a-angustia informe
y hebras de a-a-a-acciones ubicuas y dedededefecantes tes
Regarde ce que tu as fait, imbecile!”

Por supuesto le respondí, pero no con texto, sino con fetidez. Y me costó lo mío. Primero tuve que encontrar un sitio donde vendieran bombas fétidas. Luego, después de pinzarme la nariz con unas tenacillas de plástico, vertí la pestilencia sobre el papel, lo introduje con sumo cuidado en el sobre, lo cerré, garabateé su dirección y estampé el sello con tal fuerza que varias moscas salieron pitando de la estancia. Me levanté de la silla y me apoltroné sobre un puff marroquí blanduzco que se dobló y me escupió sobre el suelo. El coscorrón de mi cráneo contra el gres de Pamesa me indujo una especie de coma existencial transitorio. Cuando me recuperé llegué a una terrible conclusión: estamos en pleno siglo XXI, nadie escribe cartas… Puede que todavía existan individuos cismáticos que adoren garrapatear sobre papel, pero desde luego yo no soy uno de ellos. Además, desconozco su dirección. Y por email no se puede enviar el hedor.  

Cuando estaba a punto de echarme a llorar por mi conspicua estupidez volvieron las moscas….

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