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| Jan Sluyters. Forest trail (1910) |
Desde el punto A al punto B hay varios kilómetros. El primero está abarrotado de movimientos oscilatorios y los recuerdos cuelgan de las paredes. Allí poseo una serie de silenciosos rincones que me protegen en los instantes que siento la necesidad de huir. Las puertas están rotas y nunca abren, por lo que no puedo ver a la gente, aunque escucho sus murmullos a través de los ojos de las cerraduras. Cuando necesito que la luz del sol me ilumine me la imagino. Cuando preciso que la luna blanca me acaricie me deslizo en sueños. A veces es más sencillo imaginar o soñar que vivir.
Respiro oxígeno y lo transformo en rielantes significados y equilibrados entendimientos. Las sombras no me acechan porque he aprendido a escabullirme. Nunca necesito nada porque carezco de todo y cada porción de ese conjunto de inexistencia me proporciona más placer que la suma de un millón de posesiones. Mi alma está fundida en una amplia gama de colores que no existen, aunque no se manifiesta en ninguna de sus múltiples formas. Soy una fecha fijada en un calendario olvidado por el tiempo, pero representada en el espacio. A veces las cosas más importantes carecen de importancia.
Desde el punto A al punto B hay varios kilómetros. El segundo vive dentro de mi y está rodeado de flores y mariposas que continuamente descargan sus diferentes gradaciones sobre el pico rocoso que separa las olas. Aunque a veces hace frío y las noches son húmedas, no tengo miedo, porque la sonrisa que se dibuja en el espejo hace que cada una de las pequeñas cosas que me importan fluyan en todas las direcciones. Me gustaría tanto pasar los últimos años de mi vida jugando a esconderme entre la tupida frondosidad de las madreselvas, las lantanas y los jazmines. A veces creo que todo va a salir bien.
Intuyo las opciones y restituyo las que carecen de sentido. Mientras elijo las más placenteras, siento unos ojos marrones, parecidos a perlas de los mares del sur, que me gruñen mientras me vigilan. Entonces cojo una pelotita de goma y la arrojo lo más lejos posible. Me encanta escuchar los jadeos y el ruido de las cuatro patas acercándose timidamente. El aire azul envuelve los tres músculos huecos que forman una familia. Cada retraso nos acerca todavía más. Cada duda nos hace más fuertes. A veces me despierto sintiéndome tan especial y afortunado.
