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| M.C. Escher. Merry Christmas & Happy New Year (1961) |
Querida:
Una de las cosas sorprendentes respecto a la navidad es que todavía no comprendemos que es un invento para hacer que nos sintamos todavía más idiotas de lo que parecemos. Y si parecemos memos es porque realmente lo somos. Y si efectivamente, lo somos, el futuro es muy incierto y no debería pertenecernos. Pero si por el contrario, como mucha gente dice, esa fiesta sólo es un pretexto para reunirse con los amigos y los familiares, entonces, la imbecilidad alcanza un punto sin retorno, tan demencial como eyacular sobre el macis de una nuez moscada y tan irracional como un discurso de un político fascista. Yo, y cada una de mis personalidades interiores, nos reunimos con los individuos que nos interesan cuando nos sale de esos órganos glandulares que fabrican los espermatozoides. No necesitamos que un invento del sistema nos autentifique. Y me es completamente indiferente que esa invención provenga del «Natalis Solis Invicti», del Capac Raymi o por el el advenimiento de Huitzilopochtli. Vivimos, crecemos y morimos viviendo y bendiciendo miriadas de farsas eutécticas continuas. Quizá es una forma de huir de una concepción no deseada. O simplemente una manera sencilla de poner el culo sin bajarse los pantalones o subirse la falda.
Durante milenios, los seres humanos se han vanagloriado de su deficiencia mental. Sólo hay que echar una mirada de soslayo a las personas que nos rodean para certificar que el planeta y toda la vida racional tienen las horas contadas. Que la hecatombe aniquiladora no haya sucedido unos pocos siglos antes se puede considerar un accidente de la involución. Pero esos sucesos eventuales e involuntarios siguen una coordenada inalterable y lo que debió suceder, sucederá.
Pero, imaginemos que no sucede; imaginemos que la estulticia en masa no sea suficiente para acabar con todo lo que conocemos y -al mismo tiempo- exprimimos, prostituimos, y unos cuantos «imos» más; imaginemos que las restricciones racionales no son un impedimento para que una especie de Big Rip manufacturado nos libere; imaginemos que…¡Yo no puedo imaginarlo! No soy tan sádico, tan cruel, tan malévolo. He hecho cosas de las que no me siento orgulloso; he tenido pensamientos convencionales en algún momento de mi vida; he deseado que un virus extraterrestre y de aspecto repulsivo inyectara conocimiento donde no existe, pero nunca he sido capaz de coger unas tijeras filosas y abrirme las venas. ¿Soy un cobarde?
Sí, soy un cobarde.
Sí, soy un cobarde.
Sí, soy un cobarde.
Sí, soy un cobarde.
Sí, soy un cobarde.
