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| Paul Cézanne. Potted plants (1890) |
Hola por tercera vez:
Como eres una especie de psicóloga gratuita a la que le cuento todo lo que me sucede y lo que no me sucede, los sueños y las ensoñaciones, y jamás me has contestado, cosa que agradezco enormemente, voy a tratar de escribirte lo que soñé hace unos días. Uno de esos pocos sueños que me han influido tanto como para llevarme a cambiar mis formas y mis modales para con mis amigas las plantas.
Me encuentro regando las macetas en el balcón, y aparentemente estoy muy feliz, pues mi cara habitual de tristeza se ha transformado en un jubiloso rictus de felicidad descompasada. De repente y sin previo aviso, un Senecio y varias Echeverrias me sujetan fuertemente mientras un gran Aloe me arranca la regadera de las manos y me riega sin compasión.
-Vamos a echarle abono- grita un Selenicereus.
-Sí, de ese que habitualmente usa con nosotras.- replica un Sedum a medio crecer.
-El de bolitas azules. Que sienta este energúmeno lo que escuecen las putas bolitas-.
Mientras intento zafarme de los tallos que me aprisionan oigo a lo lejos un ruido siniestro que conozco muy bien. Una Bouganvilla malhumorada blande la podadora y me la acerca a la cara mientras el resto de vegetales aúlla de una forma demente.
– ¡Vamos a podarle los brazos!- exclama un Rhipsalidopsis mientras mira hacia otro lado,
– Los brazos y las piernas-.
Mientras trato de gritar, una hoja de consistencia apergaminada y resistente me tapa la boca. Entonces lo comprendo todo. Es imposible resistirse.
– Chicas también podríamos podarle el pito-.
En ese momento me despierto en medio de convulsiones y espasmos; me calmo lo suficiente como para intentar caminar sin perder el equilibrio y me dirijo al balcón. Presa de una furia desmedida troceo en minúsculos pedazos cada tallo, cada flor, cada pétalo y sépalo y cuando al fin me tranquilizo, comprendo que todavía estoy en el mismo sueño. Un sueño dentro de otro sueño, como el de Poe.
Saludos
