Email del 1 de febrero 2013

Ken Currie, Two Figures At The Base Of A Crucifixion (2009)

Cielo:

No sé por qué se ha armado tanto revuelo con lo del duque empalmado. ¿Acaso los duques, archiduques, condes, vizcondes, marqueses o barones no tienen derecho a gozar de una satisfactoria erección, ya sabes, de esas que suelen rasgar los calzoncillos y que tan contentas ponen a las duquesas, archiduquesas, condesas, marquesas o fulanas contratadas a base de talonario nobiliario? Claro que también es posible que alguna de las consortes de sus señorías, o como cojones se les deba llamar, puedan padecer el PSAS o Síndrome de excitación sexual persistente y prefieran llegar al orgasmo leyendo el prospecto de unos supositorios de glicerina antes que ser penetradas o incluso salivadas por sus aristócratas maridos.

Llegar a ser noble es muy fácil. Existen tres maneras:

A) CONCESIÓN: Si te lo mereces porque has sido un cabrón, has amasado fortuna explotando al obrero o simplemente has aparecido en el Libro Guinnes de los records por empalmarte delante de un mono.
B) HERENCIA:  Lo heredas porque tu padre fue un cabrón o amasó fortuna explotando al obrero o simplemente porque te empalmaste en el zoo contemplando a un mono empalmado.
C) MATRIMONIO: También denominado «braguetazo»; el título se obtiene al casarte con un carcamal, sea del sexo que sea, -incluso un mono- para gozar de sus privilegios (y sus empalmes).

Como verás lo tenemos muy fácil. He decidido ser noble antes del año 3000. Me conformaré con un título vitalicio, pues no soporto la perpetuidad, ni siquiera si está engalanada con cachemire, cambray o charmeuse. En cuanto a los empalmes, bueno, una vez empalmé un cable eléctrico que pertenecía a una tostadora y cuando intenté tostar un par de rebanadas de pan integral explotó la casa de la madre política de mi ex-vecino. ¡Cosas que pasan!

La verdad, no sé por qué pierdo un valioso tiempo divagando sobre la nobleza; podría haber despotricado sobre herpes genital o excrementos y seguramente no tendría esta sensación de inutilidad que aprisiona con fuerza cada una de mis células cancerígenas y que al mismo tiempo las convierte en agua de litines. Dejemos que el conde empalmado se vanaglorie de su esfuerzo. Al fin y al cabo, es preferible que nos sodomicen con un miembro erecto a que nos desollen vivos a base de latigazos.

Un abrazo.