Email del 20 de diciembre 2011

Solana, «Máscaras bailando del brazo» (1938)

Hola:

Como los últimos tres emails han sido un poco dramáticos, acabo de fabricar uno rapidito (McDonald’s style with a little of Lerele), con unos breves apuntes sobre un gran talento infravalorado durante décadas y hoy prácticamente desconocido:

Adolfo Ibarra Martín nació en un humilde barrio a las afueras de Valencia, hoy prácticamente destruido por una alcaldesa rechoncha y sin escrúpulos; desde su más tierna infancia, se interesó por la música y los chantajes emocionales, pero fue en el invierno de 1928, el día de su 16 cumpleaños, cuando comenzaron dos de sus grandes pasiones: los cebollinos y la composición de jotas aragonesas.
Cuentan sus vecinos que sus primeros intentos de cocinar los cebollinos fueron desalentadores, en cuanto a su primera jota, titulada «el botijo», fue saludada por sus padres con una paliza que duró cerca de 37 minutos (36.45 según las fuentes más fiables). Dicha jota, denostada por entonces y actualmente encumbrada a lo más alto del jotero español, decía más o menos así (la escribo de memoria):

Y yo me largueeee a la eraaa
en busca de un buen un botijooo
y al tropezarme a la Engracia
me acabé encontrando un hijooo

Si analizas detenidamente los cuatro versos no podrás dejar de preguntarte cómo es posible que los censores pasaran por alto la tremenda lascivia e impudicia que rezuma la letra. Si la era estaba dedicada al trillado del trigo, también es sabido que, sobre todo por las noches, se consagraba a la manufacturación de hijos bastardos.

Según el erudito y máxima autoridad en folklore aragonés, don Jeremías Mendívil Berges: «las composiciones de Adolfo Parra, aunque nacidas fuera de nuestra provincia, están impregnadas del sano y húmedo aroma del viento que azota los campos de azafrán».
No fue hasta que compuso y presentó su decimocuarta composición, cuando su nombre empezó a ser conocido en los círculos joteriles nacionales. Te recordaré unos versos de la estupenda composición dedicada a su hermana titulada «María»:

María no lava la ropaaa
le gusta que huela a yeguaaa
por eso su guardaropaaa
apesta a cientos de leguaaas

Francamente, no puedo llegar a imaginarme a ninguna mujer que prefiera la fragancia que proporciona la transpiración equina antes que la de un buen perfume tipo Infusión d’Iris de Prada, pero lo que está claro es que esta jota primeriza destaca por su acertado y valiente uso de la rima y anticipa, de alguna manera, las creaciones magistrales que Adolfo compuso en los años siguientes. Pero sitúate en contexto: son los duros y difíciles días de la posguerra y el hambre hace estragos en las clases menos pudientes de la España fascista. El día 23 de septiembre de 1949 es atrapado y muerto a escupitajos en la sierra de Guadarrama el maqui Andrés Perneras «el aceitoso» mientras contaba y clasificaba árboles para matar el tiempo. Dos días después del asesinato, su cuerpo se expone en el matadero municipal de Ávila junto a un letrero en el que se puede leer: «ya no volverá a aburrirse». Cuando Adolfo, que en ese instante se encuentra peleándose con una alcaparra, se entera de lo sucedido decide dedicarle su célebre «Alcuza sin unto», para muchos, entre los que yo me incluyo, su obra maestra:

La alcuza no tiene untooo
Andrés se lo echaba al pelooo
ahora que lo asesinarooon
a él ya no le importa un bledooooo 

Como ya te indiqué en la primera línea del email, este texto no es una biografía, ni siquiera un breve tratado o estudio. Si te interesa profundizar en la historia y hazañas de este ciudadano ejemplar, te aconsejo que te acerques al Fnac y compres el «Completo tratado jotero español de la A a la Ñ «. Personalmente, creo que todos los melómanos ibéricos estamos en deuda con Adolfo, pero aunque pueda parecerte increíble, todavía no se ha filmado ninguna película sobre su vida. Y eso que daría mucho juego, sobre todo si comenzara con su muerte repentina (falleció al quedársele pegada la lengua a un sobre mientras intentaba cerrarlo) y por medio de tres o cuatro flashbacks retrocediera hasta el día en que, mientras chupaba el corsé de su abuela Emerenciana, decidió consagrar su talento al arte musical.

Saludos.