Mail del 4 de diciembre 2011

George Grosz, «Metropolis» (1917)

Querida amiga y víctima de los tiempos:

Quedan unos pocos días para saber si el euro se va al carajo y a la Merkel la proclaman definitivamente emperadora del Sacro Imperio Continental, pero si quieres que te sea sincero, me la refanfinfla. Yo vivo en otro mundo y, sobre todo, en un estado perpetuo de pasotismo desencantado con respecto a las cuestiones políticas, así que me es indiferente si todo explota y se hace añicos. Al fin y al cabo TODOS somos los responsables: primero, por confiar y sobre todo, seguir a cualquier clase de líder que no sea el mismo pueblo, unido; segundo, por fomentar y permitir gobiernos capitalistas y tercero, por la nula concienciación política del ciudadano actual y la rapidez con la que se deja convencer para cambiar de bando (o de gang).

De todos es conocida la afición del homo sapiens por acumular posesiones; la mayor parte de los habitantes del planeta que aún están en condiciones de elegir, por supuesto me refiero al «primer mundo», prefieren el poder antes que los orgasmos, sobre todo porque ejerciendo autoridad, dominio y señorío pueden llegar al éxtasis sin necesidad de sentirse humanos. Por supuesto, yo tengo algunas pequeñas posesiones que guardo en mi habitación: libros, música, películas, cilicios, pero no me importaría en absoluto largarme lejos y para siempre, sólo con lo que cupiera dentro de un saco atado con un cordel.

El tiempo pasa demasiado velozmente y las fotografías del pasado iluminan nuestro presente. Somos refugiados y no tenemos ningún lugar a donde dirigirnos porque ya no quedan espacios sin dueño en la tierra. Mientras, vagamos sin rumbo y nuestras ilusiones rebotan. ¡Hemos agotado el futuro y no disponemos de tiempo!

Tampoco quiero ejercer de agorero profesional, supongo que en algún lugar del cosmos existe algo semejante a la inteligencia. Es posible que con el paso de los años los cenutrios acaben pariendo hijos lúcidos que no prostituyan su existencia por algunos dominios oropelados y que el único afán de supervivencia sólo sea resultado del conocimiento racional.

1 beso (hoy estoy tacaño)