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| Martin Johnson Heade, «Orchids and beatle» (1885) |
Hola por segunda vez:
Esta es la historia de una cochinilla.
Mimí-Nedoun-Alalá era una cochinilla de la humedad, de moral laxa y a la que le gustaba retozar con todos sus congéneres sin importarle demasiado el sexo o afiliación agrícola, siempre que pudieran producirle placer con un mínimo de destrozos en el exoesqueleto. Un día ventoso de principios de otoño y mientras trataba de seducir a su tío abuelo Wine-Nedoun-Alalá, sufrió una embolia que la dejó con medio cuerpo paralizado e impedida de por vida. Ni siquiera era capaz de enrollarse en forma de acordeón para protegerse y su futuro se presentaba incierto y doloroso. Su padre, Woso-Nedoun-Alalá, intentó convencerla de que se suicidara para poner fin a sus sufrimientos, y sobre todo al trabajo que alimentarla representaba para el núcleo familiar. Pero Mimí-Nedoun-Alalá se mantuvo firme; quería vivir, básicamente porque muerta no podía disfrutar del sexo. «¿Qué sexo?», preguntó su padre arqueando una de sus anténulas. Ella ni se inmutó cuando, desprovista de cualquier asomo de decencia, instó a su padre a que le demostrara su amor reclutando a algunos oniscídeos para que copularan ante ella, pagados, naturalmente, a un precio razonable. «¡Eso sí que no!», replicó su padre con aspecto malhumorado, «en nuestra familia jamás nadie ha osado fornicar sin ánimo de procreación. Eres una isópoda ramera. ¡Ojalá no hubieras nacido!»
El tiempo pasaba inexorable y nuestra protagonista yacía medio inerte sobre un montículo de tierra húmeda mientras el resto de la comunidad la alimentaba y aseaba cuando podía. Harta de su presente y horrorizada ante su futuro, a menudo imaginaba orgías y desenfrenos morfológicos para escapar al hastío. A veces, incluso, imaginaba que era una forma de progreso evolutivo y que el resto de su especie deberían estar tan lisiados como ella. Entonces, fantaseaba con su suicidio y la forma de llevar a cabo una completa inmolación del clan: «Si yo he de permanecer sin sexo en este poltrón de hojas carcomidas y humus, ellos me harán compañía». Pero como suele pasar cuando alguien desea con todas sus fuerzas algo, el futuro se adelantó en forma de una segunda embolia, que inutilizó la parte de su cuerpo que aún podía mover y acabó por convertirla en algo inanimado, que ya no debía ni podía permanecer en aquel mundo irreal y subterráneo al que alguna vez perteneció.
Un abrazo.
