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| Pietro Longhi, «Il rinoceronte« (1751) |
My dear:
Anoche escribí un pequeño cuento titulado «Desventuras de un óvulo apócrifo» y estoy convencido de que podría servir de base literaria para un guion cinematográfico y más tarde para una magnífica película digna de ser dirigida por talentos tan desquiciados como Ozores o Almodóvar. Te cuento brevemente el argumento:
El primer bailarín de la compañía nacional de ballet, Greg Vázquez, se encuentra bailando «La bayader» de Ludwig Minkus, según la coreografía de Petipa e Ivanov ante un público muy selecto, cuando a mitad del tercer acto sus tutús se rebelan y se transforman en discorolas provocando la hilaridad de la audiencia. Presa del pánico, Greg intenta correr para salir de escena pero un rinoceronte atractivo vestido con botas militares se lo impide, por lo que no le queda otra opción que quitarse las mallas y estrangularlo con ellas. Al final logra escapar, pero unas pocas horas después es detenido y acusado formalmente de perisodactycidio en primer grado. Se celebra un juicio rápido y es condenado a comerse una ensalada de zanahoria con cebolleta y pimientos delante de cinco senadores desnudos.
Desde luego el texto no es como para tirar cohetes, pero yo tampoco soy Christopher Marlowe. Supongo que con unas cuantas correcciones y otros tantos retoques por aquí y por allá podría llegar a convertirse en un escrito sólido y con potencial comercial. Soy consciente de que el personaje del rinoceronte no está demasiado bien perfilado y que la parte del juicio podría haber sido escrita con mayor profundidad, sobre todo resaltando el carácter volátil y egocéntricamente enfermizo del juez y sus ansias de notoriedad pública, pero no me importa. He tratado de hacer una feroz crítica al establishment y la forma en que éste descalifica nuestros sueños por medio de la fuerza que implica el poder.
Esta noche, si me visita la Musa escribiré una digna continuación, de momento me voy a caminar un rato por el cementerio. Dicen que a estas horas pueden verse a los espíritus saltar a la goma elástica mientras cantan:
Una, dos y tres,
pluma, tintero y papel,
para escribir una carta
a mi querido Miguel.
En la carta le decía
recuerdos para tu tía,
que está comiendo judías
en el jardín de Isabel.
Arroz con leche,
me quiero casar,
con un señorito
que sepa planchar,
que sepa coser,
que sepa bordar,
que sepa abrir la puerta
para irnos a jugar.
Besoooooos.
