Email del 21 de noviembre 2011

Bansky «The monkey parliament»

Hola:

Todos sabíamos lo que iba a suceder pero yo esperaba que un ataque de locura obligara a dimitir a nuestro próximo nuevo presidente al salir al balcón. Imagínate parte de su discurso:

«Buenas noches a todos. Los españoles mediante su voto han decidido otorgar su confianza al PP, pero como me huelen los pies he resuelto retirarme antes de empezar. Ningún país que se precie puede tener un presidente que, aunque usa diariamente Peusek, padezca de bromhidrosis. Con mi natural bondad peculiar y única que me ha hecho famoso en nuestro mundo y en varios mundos paralelos, he dispuesto que el partido que yo presido se convierta en un club de baile latino y que cese toda su actividad política. De ahora en adelante quiero, dedicar mi tiempo al estudio y renovación del cha cha cha, la bachata, el merengue, la salsa y el reggaetón, por supuesto sin olvidar algunos bailes tradicionales nacionales como la sardana, la muñeira o la jota aragonesa….»

Lamentablemente no ha sido así, aunque su alocución fue incluso más tonta y banal que la que yo acabo de poner en su boca. Por supuesto he tenido que leerla en los periódicos digitales para entenderla, aunque la verdad, no hay mucho que comprender, pues ese discurso podría haber sido escrito perfectamente por cualquier brujo ruandés de tribu, adornado con un hueso de ñu en el tabique nasal, ya sabes, esos que cantan «Unga katisanga achari» mientras danzan alrededor del fuego arropados por melodias monotonales enloquecidas.

Mi cerebro en fase terminal cláramente neo psicótica y yo hemos decidido hacernos apolíticos, pues ya no nos llega ningún mensaje, ni siquiera los de la izquierda rota y prostituida por defender sus posesiones. De ahora en adelante, trataré de anular mis utópicas convicciones políticas y me dedicaré a la confección de bufandas, gorros, y cubrecamas con ganchillo usando la técnica de punto en cadeneta y, si me sobra algo de tiempo, es posible que lo destine a drogarme fumando mermelada o confitura de plátano. Ya estoy harto de creer en quimeras y depositar mi futuro en patanes que no están preparados y que lo único que desean es que su nombre se escriba en los libros de texto y en las enciclopedias.

Si tuviera dinero, mañana mismo emigraría a Caronte, Nix o Hidra (satélites naturales de Plutón), pero como con lo que tengo en el banco no me llega ni siquiera para desplazarme a los arrabales de mi ciudad, es mejor que justifique mi desencanto cerrando el pico y volviendo una vez más a tragar saliva.

Besos y barricadas.