![]() |
| Kazimir Malevich. Three heads (XIX-XX cent.) |
PRIMERA INTERPRETACIÓN.
La interpretación teorética que se podría extraer de mis treinta y pico días de confinamiento anticoronavírico es bastante subjetiva. Sobre todo si la información proviene del BOE (Boletín Oficial de la Escalera), que es la gacetilla semanal publicada por los vecinos del patio donde vivo, y que incluye los últimos chismes y cotilleos. Te pondré algún ejemplo moderado: en la página 13 del número 102 de dicho semanario, es decir, el periodo que abarcó la semana del uno al siete de marzo, se publicó una foto del vecino del tercero A vestido con un mankini de color aguamarina que desató la furia de algunos inquilinos. Incluso uno de ellos, la vecina del segundo C, amenazó con prender fuego al edificio si dicho «marrano cian» no abandonaba su vivienda en un plazo de cinco minutos. Afortunadamente, y sobre todo, debido a la rápida intervención de algunos inquilinos poco propensos al homicidio incontrolado -entre los que me encontraba yo- el suceso no pasó a mayores, pero Remigio, el Borat del inmueble, tuvo que ser convencido de la idoneidad de correr sus cortinas cada vez que sintiera deseos de «trajearse» de esa manera en un futuro más o menos cercano, o por lo menos, hasta que dicha vecina muriera por el (o la) COVID-19.
SEGUNDA INTERPRETACIÓN.
La interpretación teorética que se podría extraer de mis treinta y pico días de confinamiento anticoronavírico es bastante subjetiva. Sobre todo si se centra en algunas de mis denominadas «noches plutonianas» y en los extraños archiperres que utilizo para hacer menos insoportable la soledad sexual. Ayer me equivoque al introducirme, ejem, ¡cosas…!, y casi termino atravesado, o mejor dicho, empalado, pues me costó más de dos horas extraer esas… ¡cosas…! ¡Creo firmemente que el renglón anterior no debería ser leído por el populacho no preparado intelectualmente! Digamos que vivir en soledad me está pasando fractura (nota: en realidad me refería a factura). Ya ni siquiera me afeito. Tampoco me ducho. No me corto las uñas de los pies ni los pelos de la nariz o las orejas. Si esto sigue así, cuando acabe el periodo de alarma pareceré un cerdo mangalica.
TERCERA Y ÚLTIMA INTERPRETACIÓN.
La interpretación teorética que se podría extraer de mis treinta y pico días de confinamiento anticoronavírico es bastante subjetiva. Sobre todo cuando me dedico a contar las horas que dedico al día a contar las horas. O cuando me dedico a contar los minutos. O cuando me dedico a contar los minutos que dedico al día a contar los minutos. O cuando en lugar de contar, enumero. O especifico. O clasifico. O simplemente me contento con etiquetar cada movimiento circunstancial. ¿A qué denomino movimiento circunstancial? Por ejemplo, a todos los desplazamientos pasillo arriba o pasillo abajo. O a todos los desplazamientos pasillo arriba seguidos de una serie imperfecta de saltitos acompasados que efectúo antes de reiniciar el pasillo abajo. O los desplazamientos progresivos desde la cocina al cuarto de baño o del cuarto de baño al primero de los cinco armarios empotrados. O al desplazamiento sin desplazamiento que ejecuto con la mente y en la que mi cuerpo cambia de lugar con la misma facilidad que yo cambiaba mis tontas ideas juveniles cuando tenía 54 años.
EPÍLOGO ELEMENTAL A LAS TRES INTERPRETACIONES:
Según puedo leer en mi diario personal, el último día que me afeité los testículos fue el 23 de noviembre de 1997. Desde entonces he pagado a una afeitadora de testículos profesional para que me los dejase aseaditos e higiénicos. Sin embargo, con motivo del estado de alarma debido al jodido bichejo, me he visto obligado a aplicar un ERTE a dicha afeitadora de testículos profesional.
EPÍLOGO ADJUNTO AL EPÍLOGO ELEMENTAL A LAS TRES INTERPRETACIONES:
Acabo de ensillar mi caballo. ¡Regreso a Moscú!
