Lo único bueno que tiene envejecer es que cada día somos mas sabios y aprendemos algo. Algunos aprenden a ser más honestos y tratan de poner siempre una mejilla. Otros aprenden a mentir con una maestría sublime y pocos son los que están a salvo de estos vampiros. Los hay que se cultivan en el execrable arte del descuartizamiento verbal y lo ponen en marcha ante cualquier osado que se les cruce en el camino. Por lo que a mi respecta, hoy 2 de noviembre del 2010, a las 08:00 horas, he aprendido que… ¿Qué he aprendido? No he podido aprender nada porque creo que ya lo sé todo, aunque en realidad no entiendo la definición del vocablo «Todo».
Este despotricación sólo va dirigido a mi. Sólo yo puedo entenderlo. Es posible que sea un ejercicio de narcisismo encubierto en unos párrafos pésimamente escritos. Pero tenía dos opciones, vomitar palabras inconexas o regurgitar comida todavía no digerida. ¿Qué más da, que en mi largo proceso entrópico pueda parecer un idiota lunático? Soy lunático desde que tengo uso de razón y soy un idiota desde que soy lunático. Solo siendo así de estúpido puedo entrar en un estadio cercano a la felicidad. Y no es una felicidad inducida química o emocionalmente. No sé si me explico bien. Cuando paseo por la calle y un perro me ladra soy feliz por que mi estructura emocional, conformada por mi código genético, imposibilita que juzgue a un ser que no tiene libre uso del raciocinio. Por el contrario, cuando veo una persona de sexo indeterminado mirándome fijamente a los ojos, no puedo dejar de sentir un escalofrío recorriéndome la espina dorsal que me hace retroceder en el tiempo: líneas blancas y una tarjeta de crédito sobre una mesa destartalada.
Alguien dijo una vez que es necesaria la búsqueda de vida inteligente extraterrestre, porque en este mundo no existe la inteligencia. No puedo estar mas conforme con esta frase lapidaria. Y además, añadiría que es cuestión de tiempo y de supervivencia. La majadería y la imbecilidad son un virus que no tiene moral. No la necesitan. Su ácido nucleico contiene información especifica para modificar cualquier célula sana. Sólo es cuestión de tiempo que nos infectemos silenciosamente.
Hace un par de meses pregunté a 3 conocidos por el significado de la palabra FELICIDAD. Las respuestas fueron variopintas, graciosas, pero poco adecuadas. ¡Es tan fácil escabullirse incluso de una pregunta! El primer encuestado simplemente dijo que para él, ser feliz era no pagar más facturas. El segundo cantó unos versos del mítico cantante de los sesenta, Palito Ortega: «La felicidaaaaad, ja, ja, ja, ja, de sentir amoooor, jo ,jo, jo, jor, hoy hacen cantaaaaar, ja, ja, ja, jar, a mi corazóóóóón, jo,jo, jo, jon.» Y el tercero, incluso superó en vacuidad al segundo. ¿Qué fue lo que contestó? ¿Qué? ¿Qué? Su contestación fue breve pero resuelta: «todo o absolutamente nada».
