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| GlennBrown, Architecture and Morality (2004) |
Hola por tercera vez, (aunque en dos emails):
No me tomes por loco, pero el zumo embotellado de naranja con pulpa que suelo comprar habla. Hacía varios días que escuchaba toses y carraspeos que provenían de la nevera, pero no hice mucho caso porque el electrodoméstico está situado al lado del tabique que separa mi casa de la del vecino, y suponía que alguno de los que viven allí estaría resfriado o afectado por algún tipo de alergia. Pero hace un rato el tetra brik ha hablado. Me ha sugerido que yo debería mudarme de calzoncillos cada siete meses y de calcetines cada media hora. Por lo menos eso es lo que he entendido… Claro que en rumano y con la misma fonética se puede decir «la habichuela cercenada cohabita en un andurrial barato»… Sí, ya sé que no tiene sentido, pero el brik está fabricado en Bucarest y, si lo analizo, menos sentido tiene lo de los calzoncillos y calcetines. Como sabes, soy un políglota nato y domino catorce idiomas y cuatro dialectos, aunque todavía no tengo claro el signifcado de esa palabreja (políglota).
Hace algunos meses me sucedió algo parecido. Me encontraba desesperado tratando de buscar mi bonita cabellera, cuando una silla se quejó de mi brusquedad. Para ser exactos, escuché algo así como: «Si quieres que te dure toda la vida, trátame con dulzura, pedazo de animal». El problema es que fonéticamente suena como «cientos de cernícalos autocompetentes deslizan bilirrubina mareada», en indostaní. Y la silla es india, la adquirí en Nueva Delhi el mismo año que me miré al espejo por tercera vez.
Si trato de ser coherente, llego a una conclusión poco esperanzadora: estoy como una cabra. Y si estoy loco, debería ponerme en tratamiento, pero tengo verguenza de contarle estas cosas al psiquiatra. La última vez que conté cosas parecidas a un psicólogo, se enganchó al Hare Krishna y ahora se hace llamar Kalu Maya. Necesito tu consejo. Si no puedes darme un consejo, por lo menos dame 100 euros. Con esa pasta trataré de escapar del comedor y la cocina hasta el reducto privado que es mi habitación. En mi habitación los muebles o electrodomésticos no hablan, pero para llegar hasta allí necesito coger un taxi, y creo que en el vater hay una parada.
Que sí, que voy a tomarme la medicación, que te lo prometo…
Un abrazo.
