Email del 3 de junio 2013
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| David Jay Spyker. Until there is nothing left (1999) |
Hola:
Es muy difícil que sea una coincidencia. Yo más bien lo llamaría casualidad, aunque cualquier persona con una mente racional no pondría en duda que se trata de un accidente. Si lo analizo con detenimiento, existe la posibilidad de que el hecho no haya sido más que un imprevisto de las circunstancias, pero hay un pequeño problema que deshace esa teoría. Además las probabilidades de que ese incidente pueda ser considerado fortuito es mínima. Por lo que sería más seguro calificarlo como un enigma. Por lo menos hasta que consiga poder explicarlo sin sentir que algo no encaja. De momento voy a intentar no darle demasiada importancia y considerarlo como una indeterminada casualidad. De esta manera, no corro el peligro de llegar a conclusiones inútiles o devastadoras.
Me siento como si hubiese sido teletransportado desde una dimensión desconocida. Ni siquiera soy capaz de obtener resoluciones razonables de mi cerebro entumecido. Un virus asesino ha enturbiado cualquier forma de respuesta concluyente y, mientras trato con todas mis energías de familiarizarme con la insustancial falta de soluciones, la irresponsabilidad se hace fuerte.
Me llamo Gregorio López y soy un alquimista de la irreflexión.
Un abrazo
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