junio 2013

Email del 3 de junio 2013

David Jay Spyker. Until there is nothing left (1999)

Hola:

Es muy difícil que sea una coincidencia. Yo más bien lo llamaría casualidad, aunque cualquier persona con una mente racional no pondría en duda que se trata de un accidente. Si lo analizo con detenimiento, existe la posibilidad de que el hecho no haya sido más que un imprevisto de las circunstancias, pero hay un pequeño problema que deshace esa teoría. Además las probabilidades de que ese incidente pueda ser considerado fortuito es mínima. Por lo que sería más seguro calificarlo como un enigma. Por lo menos hasta que consiga poder explicarlo sin sentir que algo no encaja. De momento voy a intentar no darle demasiada importancia y considerarlo como una indeterminada casualidad. De esta manera, no corro el peligro de llegar a conclusiones inútiles o devastadoras.

Me siento como si hubiese sido teletransportado desde una dimensión desconocida. Ni siquiera soy capaz de obtener resoluciones razonables de mi cerebro entumecido. Un virus asesino ha enturbiado cualquier forma de respuesta concluyente y, mientras trato con todas mis energías de familiarizarme con la insustancial falta de soluciones, la irresponsabilidad se hace fuerte.

Me llamo Gregorio López y soy un alquimista de la irreflexión.

Un abrazo

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Email del 2 de junio 2013

William Kurelek. The maze (1953)

Hola, amiga mía:

Todos los cerebros necesitan un cráneo en donde ser ubicados, y en mi empresa hacemos cráneos de hueso. El hueso llega ya prefabricado aunque sin forma aparente a la fábrica, donde un operario lo introduce en un torno especial. A medida que el torno gira, una cuchilla automática lo corta en varios segmentos que luego formarán la parte frontal, parietal, occipital, temporal y los esfenoides, etmoides y el resto de huesos suturales. A continuación, algunos de estos segmentos se introducen en un taladro electromagnético que practicará agujeros oculares y nasales, según el plan diseñado. Más tarde todos las partes o segmentos pasan a la siguiente fase, la máquina de inmersión, donde permanecerán sumergidos en tintura blanca durante cuatro horas, que además de imprimirle color, elimina las virutas que hayan podido quedar en anteriores fases. Los huesos se secan al aire de camino a la siguiente etapa: el ensamblaje. Los operarios ensamblan manualmente cada parte del cráneo con cuidado de que  todas las piezas encajen perfectamente. Cuando un cráneo está totalmente montado, otro operario graba sobre el parietal la marca de la fábrica y algunas características especiales, como el peso, volumen y la fecha de caducidad. Antes del empaquetado, los operarios comprueban por última vez que el cráneo es básicamente perfecto y que está preparado para ser enviado al cliente.

Un beso

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