![]() |
| Vasily Perov. The old man on the bench (1880) |
Hola:
Esta mañana muy temprano he ido al médico. Mientras esperaba mi turno en la sala de espera, rodeado de decrépitos ancianos y griposos varios he tenido una especie de punto de inflexión paradójico. Todo ha comenzado cuando un abuelito, pequeño como una estatua de gnomo, y con un rostro que expresaba a partes iguales bondad y asqueamiento, se ha sentado a mi lado y ha iniciado esta conversación:
ABUELO: Buenos días. No sé para que vengo, si al final me voy a morir igual.
YO: Buenos días. Bueno, sí, eso es cierto…
ABUELO: No me mires así, tú también acabarás en una fosa…
YO: Y es posible que antes que usted.
ABUELO: Eso nadie lo sabe. Si fuera religioso, quizá diría que sólo Dios lo sabe. Pero afortunadamente no creo en nada ni en nadie.
YO: Vaya, como yo. ¿Es usted algo parecido a un nihilista?
ABUELO: Nada de parecido. Soy un nihilista furibundo desde que cumplí los 52 años…
YO: Yo cumplo esa edad en enero
ABUELO: Yo también soy capricornio. Cumpliré 89 el día 14.
YO: ¡No puede ser! ¡Yo también!
ABUELO: ¿Acaso creías que eras el único ser en la Tierra que cumple ese día?
YO: No, desde luego…
ABUELO: ¿Puedo preguntarte algo?
YO: Claro, siempre que no me cueste un esfuerzo contestar…
ABUELO: ¿Querías a tu abuelo materno?
YO: Muchísimo. No me diga que usted es él reencarnado…
ABUELO: No, no. Yo jamás me reencarnaría. Y menos en un miembro de la familia López.
YO: ¿Cómo sabe que soy un López?
ABUELO: Soy bastante listo. Algunos incluso dirían que soy un poco brujo.
YO: ¿Ah, sí? Dígame: ¿Cómo fue el puerperio de mi parto? Para mi madre, me refiero.
ABUELO: ¿Sólo preguntas cosas que sabes que no voy a poder responderte? ¿Quieres echar por tierra mis supuestos poderes adivinatorios?
YO: Jajajaja.
ABUELO: Tu madre tuvo un posparto bastante normal. La que tuvo un mal puerperio fue tu abuela. Cuando parió a tu madre casi enloquece. Ya sabes…depresión postparto.
YO: Es increíble. Al final voy a creer que usted es un mago o un adivino. O quizá un embaucador con mucha suerte…
ABUELO: En todo caso sería psicología. La suerte no sirve para conseguir el índice de aciertos que estoy demostrando.
YO: En serio, ¿Está usted convencido de que es un nigromante, un adivino o algo así? Un nihilista brujo. ¡Dónde iremos a parar!
ABUELO: Yo no he dicho que sea un adivino o un brujo.
YO: Si lo ha dicho…
ABUELO: No. He dicho que «algunos dirían que soy un poco brujo».
YO: Cierto. Perdóneme.
ABUELO: ¿Cuándo vas a comenzar a tutearme?
YO: Es la costumbre.
ABUELO: ¿Las ocho y veinte? Me quedan cinco minutos para entrar.
YO: ¿Está enfermo?
ABUELO: No demasiado. Sólo un pequeño e inoportuno cáncer de hígado ¿No te gusta el bonito color amarillento de mi piel?
YO: ¡Dios! Lo siento…
ABUELO: Creía que tu también eras un nihilista…y por lo tanto, ateo.
YO: Ha sido una puta expresión. ¿Está en tratamiento?
ABUELO: No existe tratamiento para contrarrestar el futuro. No, no me he sometido a quimioterapias ni nada parecido. Hace un par de años me dieron seis meses de vida. Y mira, aquí estoy todavía. Vengo a por recetas para mi hija, que está impedida en la cama.
YO: Lo siento mucho. Yo…
ABUELO: Deja ya de sentirlo. Si no lo siento yo…. ¿Por qué razón deberías sentirlo tú? Vaya me llaman. Tengo que entrar. Ha sido un placer. Ah, por cierto. Soy tu tío abuelo. El hermano pequeño de tu abuelo Vicente.
Si te dijera que me quedé perplejo sería un eufemismo. Me sentí de piedra. Pero me esforcé y me dirigí al aseo a mirarme al espejo y sobre todo a lavarme la cara. Cuando salí, pude ver al supuesto familiar dejando atrás la consulta y andando no demasiado lentamente hacia el ascensor. Cuando desapareció volví a sentarme en la misma silla que ocupé anteriormente hasta que una anciana, bajita como una talla en piedra de sirena y con un rostro que me recordaba al de una Santa que hubiera blasfemado en su rincón favorito durante décadas, se sentó a mi lado. Cuando iniciaba un amago de comunicación, rápidamente y sin siquiera contestarle, me levanté como un alucinado y cambié de sitio.
Uno o dos abrazos
