Email del 3 de junio 2014
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| Vincent van Gogh. Clumps of grass (1889) |
Hola:
Mi balcón va a explotar. Ni siquiera puedo entrar a regar las plantas con cierta comodidad. Si nunca has estado en una selva, deberías venir a verme y penetrar entre el dosel de ramas que cuelgan como las crines de un poni islandés, que tapizan la superficie del suelo y me recuerdan a algunas de esas lujosas alfombras Wilton, o tan erectas como el fuste de una columna renacentista. Pero si vienes, es mejor que te agencies un machete de tipo colombiano para segar el follaje y te vacunes contra los diferentes tipos de enfermedades tropicales. No sería mala idea que trajeras contigo algunos viales de antiofídico monovalente, pues no me extrañaría en absoluto que encontrases un par de Atheris completamente mimetizadas descansando sobre una rama. Siendo el afortunado propietario de semejante lujuria en forma de jungla impenetrable, ¿para qué diantres quiero bajar a la calle y socializar con la gente?
Me relaciono sobre todo con pulgones, arañas rojas, gusanos, caracoles, hormigas, trips y alguna que otra babosa, pero cuando no me miran los enveneno a todos con productos ecológicos. Y mientras recojo sus cadáveres tiesos y oscurecidos por la ponzoña, me congratulo de ser un perfecto asesino. Sólo respeto a las lombrices, las abejas, las mariposas y algunas arañas. ¡Ah! y a las cochinillas de la humedad, que me resultan enormemente simpáticas mientras se pasean por la tierra con ese aspecto de suegra viuda antediluviana que está de vuelta de todo.
¡Sí! Mi balcón puede explotar, pero antes de que eso suceda yo estaré muerto. Y a mi funeral sólo asistirán las dos salamanquesas que se pasean por las paredes y a las que inútilmente traté de enseñar a cambiarme las sábanas y hacerme la cama. No necesitaré panegíricos ni caras humanas falsamente apenadas. Sólo esa maravillosa comunión formada por los colores naturales y las tramas imperfectas de los limbos, peciolos y estípulas.
Un abrazo
PD: Te escribo estas líneas sentado sobre una maceta mendocina recubierta de soleirolia, con ese aspecto musgoso y delicado que transforma estas plantitas en una especie de edredón vegetal paradisíaco, empírico, supremo. Para que me creas, te adjunto una preciosa mancha verdosa sobre la parte superior izquierda del email.
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