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| George Stubbs. Pavian and albino makake (1798) |
Hola otra vez:
Cuando alguien no entiende nada, recibe ciertas órdenes codificadas desde el cerebro que ayudan a aumentar el desconcierto inicial. A menudo pienso en nuestra sublime imperfección, pero no de una forma racional o coherente, sino bastante abstracta, Quizá por esa razón, siempre suelo caer en la misma trampa. Imagínate en un país diferente. Caminas por la calle y la tarjeta del teléfono móvil se bloquea. Intentas teclear la contraseña y fallas en tres ocasiones. No recuerdas el Puk y los nervios te taladran el estómago. Te sientas en un banco y meditas sobre tu desgracia. En menos de dos minutos, el resto de desgracias que arrastrabas se apelotonan en solidaridad con su compañera y la agrupación crece exponencialmente. En poco tiempo el tamaño se hace considerable, y la cadena de situaciones y circunstancias negativas que luchan por salir al exterior para tomar posesión de sus nuevos dominios implosiona con una fuerza equivalente a diez mil preguntas sin respuesta. ¡Preguntas no respondidas! Sólo los primates inferiores son incapaces de contestar una cuestión. ¡Y unos pocos humanos que se sienten superiores! Una raza superior dentro de una raza que se suponía era la superior. Cuentan las leyendas urbanas, que esos seres pluscuamperfectos inhalan las respuestas de sus contertulios para poder alimentar a su Gran Hermano interior, al que le deben sumisión. Mientras todos esos hechos suceden, tú que todavía sigues sentada pensando cómo te ha podido pasar lo de la tarjeta, de repente te das cuenta de que alguna fuerza maligna debe estar maldiciendo desde tu nacimiento hasta ese mismo momento de infortunio en el fino territorio del Aquí y Ahora. Coges el celular y lo lanzas con energía sobre un muro, El muro está completamente cubierto de hiedras reptantes y te lo devuelve a las manos con fuerza. Vuelves a sentarte en otro banco diferente y maquinas una forma de librarte del problema, Pero el problema no es el teléfono. El problema está dentro de ti. Y vivirá contigo mientras intentes escabullirte.
Y ahora recuerda: no tienes cola, pero perteneces al orden de los primates, por lo tanto no eres un puto mono con almohadillas táctiles en las falanges distales de los dedos. No necesitas olisquear el culo del que te precede ni despiojar al que está por encima de ti. ¡Enhorabuena! ¡Eres humana! Bienvenida al planeta de las oportunidades. Pero no olvides traer algunos defectos corregibles para que puedan ser tratados como enfermedades infecciosas. Nuestra sociedad paga los gastos. Tú sólo tienes que demostrar lealtad y fidelidad a quien te lo exija y esté en un nivel superior. En el pasillo siete hay cinco puertas. En el pasillo cinco hay siete puertas. Una de esas doce puertas es la correcta, pero ¿qué pasillo es el que no te llevará a ninguna parte? Ante este dilema tienes una sola opción: equivocarte y sufrir de nuevo las consecuencias.
Cuando alguien que no tiene cola no entiende nada, siempre intenta rascarse donde menos le escuece.
