Email del 26 de noviembre 2014

Mary Pratt. Split rrilse (1979)

Hola:

La sinceridad afecta a los hechos y a las palabras. Por esa razón, deberíamos huir de las apariencias y dedicarnos a mirar por dentro antes de depositar tontas expectativas en otras personas. Lo que verdaderamente importa es el interior, aunque éste pueda ser conflictivo. Una vez conocí a una chica que se quería mucho. Eso es bueno. Pero se amaba tanto que tuvo que inventar una doble personalidad para que entrara en colisión con su Yo empírico. Como su identidad falsa era superior en carácter a la verdadera, ambas mantenían una batalla caótica y desproporcionada que intoxicaba a los infelices que circulaban a su alrededor, que eran muchos, aunque la mayoría tenían pocas luces y aclamaban los mensajes de su aura. Esa identidad creada para subsistir se creía única y se jactaba constantemente de su dominio y su energía. Mientras eso sucedía, la verdadera era sepultada un poquito cada día, hasta que llegó un momento en que casi desapareció. ¡Se había creado un monstruo! Un nuevo engendro con una vitalidad mil millones de veces superior a la que proporciona un estallido galáctico.

Cuando yo daba una opinión con palabras más o menos ordinarias, pero inventadas por la gente, ella clamaba al cielo, pero luego las utilizaba en las conversaciones que mantenía con sus amigas. Cuando yo pensaba, o meditaba, o como quieras llamarlo, ella me recriminaba el hecho y me tildaba de «zumbao». ¿Zumbado por utilizar parte de mi cerebro? Ella se atrevía a eso y mucho más, pero sólo cuando dejaba por un momentito su enganche terrorífico al móvil, a Facebook, a Whatsapp. Sus neurosis llegaron a un extremo en el que mi única salida era refugiarme dentro de mi cabeza, donde nunca llueve. Era esa clase de mujer que quiere más a sus conocidos que a sus amigos o familia, y le gusta demostrarlo, porque sólo de esa manera puede enterrar la porquería que ha fabricado para llegar a creerse alguien ESPECIAL.

No me tocaba porque estaba convencida de que la habían acostumbrado mal, pero no hacía nada por solucionar su dejadez emocional. Maldecía ciertas partes de su anatomía por el simple hecho de que no eran como habían sido en el pasado y las ocultaba con las manos constantemente. Si yo intentaba evitar esa censura vesánica y demencial, ella entraba en un estado de pánico que hacía que yo regresase de nuevo a mi cabeza, donde jamás llueve. A menudo se lamentaba de los desequilibrios de su descendencia mientras me susurraba al oído que ojalá yo hubiese aparecido antes para ayudarla. Pero nunca perdió ni un minuto de su tiempo en razonar las causas o los motivos. Solo le interesaba una cosa en la vida: ella misma. Su ego y su orgullo estaban tan enloquecidos, que hubiera sido capaz de construirse un monumento en su habitación para poder contemplarlo un ratito cada día.

Yo intenté ayudarla, pero no por decisión propia, sino embargado por sus deseos. Pero, ¿cómo se puede ayudar a quién rechaza una cura? ¿Inmolándose? ¿Convirtiéndose en la mitad de un todo inestable? ¿Autoconvenciéndose de una supuesta superioridad espiritual, falsa y demagógica? Estoy convencido de que la mejor solución es mantenerse lo más alejado de ese tipo de huidores bipolares profesionales y hacer justamente lo contrario que ellos preconizan. Porque fabricar moldes de alguien que es imperfecto, es una acción tan imbécil, como justificar los actos contestando u actuando de la misma forma para tratar un mismo e indivisible hecho.

¡Sí! ¡Ya vuelvo a estar curado!