Email del 24 de mayo 2015

John Brosio

Holaaaaaaa:

He triplicado la ingesta de humo alquitranado de la marca Philip Morris y de comprimidos de Lorazepan. Supongo que a este ritmo no viviré demasiado, pero, ¿para qué cojones quiero vivir más? Hasta donde mis conocimientos sociales llegan, no me consta que actualmente se repartan premios a la longevidad. Además, aguantar día tras día a esa caterva de estúpidos anormales que forman el gobierno y la oposición me está pasando factura. Supongo que los muertos no tienen que ponerse cada cuatro años en la disyuntiva de votar entre unos retrógrados fascistas, que para erotizarse necesitan hacer sufrir a los que no comparten sus ideas antediluvianas, o esos que se las dan de rojos, pero que no son más que un atajo de reprimidos chaqueteros que sólo están en política con el pretexto de poder acabar sus días presidiendo el consejo de administración de una gran corporación y que además padecen un daltonismo dicromático deuteranópico realmente grave.
La verdad es que ignoro la razón por la que intento seguir vivo y con este rostro tan sumamente bello y tan bien moldeado. Quizá para no darle un disgusto a mi madre. Todos sabemos lo difíciles y estresantes que se hacen los preparativos de los funerales, aunque no tengo claro si esa es la razón fundamental. Es posible que nada de lo anteriormente expuesto me importe un pimiento y que si realmente he decidido seguir entre los zombis sea porque no puedo concebir el dejar de comer el arroz con leche de la marca blanca que venden en Alcampo y que está realmente bueno. Por poco más de un euro tienes cuatro tarrinas repletas y listas para comer de una sentada, aunque si sobra un poco, se puede utilizar como pasta de juntas para azulejos, desatascador de cañerías o espermicida vacuno.
Hace años se me apareció el espectro de un amigo fallecido mientras me daba una reconfortante ducha. Recuerdo perfectamente cada una de sus palabras, pero creo que es mejor que os transcriba nuestra conversación sin omitir absolutamente nada:
GREG: AH, ¿Eres tú, Albertito?
ESPECTRO: Sí, soy Alberto. He venido desde muy lejos para hacerte una pregunta.
GREG: ¿Te importaría esperar cinco minutos? No me gusta que me interroguen estando desnudo.
ESPECTRO: No dispongo de mucho tiempo.
GREG: Bueno, dime qué quieres saber…
ESPECTRO: ¿Con quién se acuesta ahora mi mujer?
GREG: Dirás tu viuda…
ESPECTRO: ¿Con quién se acuesta mi viuda?
GREG: Con un tipo que se llama Sebastián, con acento en la a, y que trabaja en una fábrica de pieles y curtidos.
ESPECTRO: ¿Es guapo?
GREG: ¿Guapo? Eso es muy relativo. No olvides que soy un tío muy heterosexual y que…
ESPECTRO: ¿Es más guapo que yo?
GREG: Pero qué preguntas me haces Albertito. Es un tío normal. Quizá un poco bajito. No sé. ¿Por qué no se lo preguntas a tu mujer?
ESPECTRO: Tengo verguenza…
GREG: ¿Los muertos sienten verguenza? Esa sí que es buena.
ESPECTRO: Si fueras mujer, ¿a quién preferirías, a él o a mí?
GREG: ¡Coño Albertito!
ESPECTRO: ¡Responde!
GREG: Te seré sincero. A ninguno de los dos. A mí quien verdaderamente me gusta es un albañil que está en paro y que si le da la luz de una forma especial se parece a Sofía Loren.
ESPECTRO: Quiero que me hagas un favor.
GREG: Claro que sí, amigo.
ESPECTRO: Quiero que esta tarde visites a mi mujer y la mates. La echo tanto de menos. Necesito tenerla a mi lado. La echo tanto de menos.
GREG: Albertito, no me puedes pedir eso.
ESPECTRO: Si no lo haces contaré a todos lo que hiciste una noche con una gallina.
GREG: ¡Eso es chantaje!
ESPECTRO: ¡LLámalo como quieras. Irás a casa de mi amor, la estrangularás y te prometo que tu secreto estará a salvo.
GREG: No pienso hacerlo. Espera que apague el maldito chorro. ¡Ya! No voy a matar a tu mujer. Puedes contar lo de Evanity a quien quieras. Me importa una mierda.
ESPECTRO: ¿Evanity?
GREG: Sí, Evanity, la gallina. Se llamaba así.
ESPECTRO: ¿Quién puede poner un nombre así a un ave de corral?
GREG: Yo no la bauticé. Cuando me la vendieron me aseguraron de que ese era su nombre.
ESPECTRO: ¿Es tu última palabra?
GREG: ¡Sí!
ESPECTRO: Pues atente a las consecuencias. Ahora debo irme. Debo irme. Debo irme.
Ignoro si Albertito confesó mi affaire con Evanity a alguien. Hasta el momento nadie me ha repudiado, por lo que supongo que o bien se tragó mi secretito para siempre o mis amigos tienen demasiadas cosas que ocultar y no han creído que mi historia de amor con la gallinácea sea tan escandalosa.

XXX