Email del 1 de julio 2015
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| Lucian Freud, «Leight Bowery back» (1992) |
Hola cielo:
El lunes de esta semana fue un día de inflexión y hoy miércoles, lo es para la flexión. Acabo de intentar hacer treinta flexiones con los pies apoyados en una silla y el resultado no ha sido el que esperaba. Para empezar, la silla ha quedado seriamente traumatizada y ya no es la misma, y mi capacidad para ponerme de pie de un salto atlético y varonil ha disminuido hasta límites insospechables. Ahora mismo pediría hora con el traumatólogo, pero hasta dentro de tres años no le dan la libertad condicional y mi fisioterapeuta favorito está convencido de que una araña gigante quiere robarle la crinolina de popelín para almidonarla y su estado mental empeora con el tiempo.
Estoy seriamente empeñado en escribir un «Catálogo general de mis achaques más importantes» en tres tomos, pero no encuentro a ningún galeno que quiera prologarlo, así que dudo entre mandar la idea al carajo o bailar un rap con zancos. De momento voy a intentar llevar una vida sana y saludable, alejada de los excesos que caracterizaban la anterior y libre de las ataduras sociales y, sobre todo, morales, que son los instrumentos que realmente envenenan la mente y el cuerpo. ¿Qué más da que mi barriga entre en una habitación diez minutos antes que el resto de mi cuerpo? A mí no me importa demasiado…
No hace falta que te recuerde lo que me sucedió el lunes, pero voy a contarte una cosa: mientras intentaba tranquilizar mis nervios crispados debido a las contínuas deposiciones excrementales de Mac (el cachorro del que soy copropietario) tuve una visión en la que una figura omnipotente, seguramente el primo de Dios, se me aparecía rodeado de una aureola luminosa y mágica aunque bastante desconcertante y con su voz perfectamente modulada me gritaba: «Marchando una de sepiaaaaaaaaa». Esta especie de alucinación, como ya pasó en su día con el consejo que me dio mi padre cuando me dejé mis primeras patillas, va a marcar mi antes y después, mi principio y mi final…..
Ahora debo dejarte, mi lumbago (no te confundas con el plumbago) necesita sus cuidados matinales. Medita sobre mis palabras y mantente recta y garbosa al caminar, por lo menos si te vigila desde una esquina oscura un picoleto con un alcoholímetro o tienes un cachorrito obsesionado por masticar tobillos.
4 Besos
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