Email del 16 de abril 2019
![]() |
| Manabu Mabe. Existência (1985) |
Querida:
Siempre he creído que el pentobarbital que me chuto directamente en vena ha hecho que la distorsión espacio-temporal se transmute en una especie de desajuste claramente psicótico. Pero creo que he comenzado mal desde el principio. Me refiero a este texto, pues el adverbio «siempre» no es más que un delirio, una alucinación, ya que la eternidad supone el infinito. Y cada porción de ese infinito contiene a su vez innumerables infinitos. O si quieres, eternos e ilimitados confines indeterminados. Todos sabemos, ¡bueno!, espera, el vocablo «todos» implica compleción y cierta excelencia de la que no puedo sino alejarme a toda prisa, por lo que necesito echar mano -otra vez- de esa libertad semántica a la que estoy subscrito y comenzar de nuevo la línea. Sabemos que nuestros recuerdos, sobre todo gracias al desorden que proporciona el paso del tiempo, son tan verdaderos como queremos que sean en cada instante en que recurrimos a ellos. Pero las verdades, ya sean reales o manufacturadas, siempre son efímeras, como tú, como yo, como el hielo y como el fuego. Como la imagen distorsionada que tenemos de eso que algunos llaman Dios. Supón por un instante que no existes. O mejor, supón que un hombre (o mujer) armado te obliga a suponer que no existes. O todavía mucho mejor, supón que la pareja sentimental de ese hombre (o mujer) armado que te obliga a suponer que no existes, no existe. Entonces, entonces tenemos un gran problema en forma de enfermedad mental… Pero ahora supón que existes y que todo lo que has hecho en el transcurso de tu existencia pasada no es más que una forma de llegar a un convenio con tus enormes deseos de no Ser, ni siquiera Estar. Ahora supón que un hombre armado (otra vez ese maldito tipo o tipa) te obliga a suponer que de alguna forma existes y que aunque desearías no existir te has acomodado a Ser, Estar y, en ocasiones, Parecer un poco. Ahora intenta llegar todavía más lejos y supón que la pareja sentimental de ese tipo armado (o tipa armada) que parecen ser los protagonistas indirectos de este email te obligan a dejarte de chorradas y a intentar por todos los medios llegar a un acuerdo (¿convenio?) con tus diferentes estados (¿conceptuales?) y vestir con una paranja emocional a esos jodidos Ser, Estar y Parecer (¿parecer un poco?) que te atormentan de la misma manera que te martirizan los orgasmos satisfactorios de todos (¿»Todos» sigue siendo una palabra absoluta?), o mejor, del resto de tipos y tipas, con o sin arma, que han intentado correrse dentro de tu vagina, dentro de tu boca, dentro de tu culo, dentro de la vagina de tu mejor amiga, dentro de la boca de tu hermana, dentro del culo de tu madre. ¡Que en realidad es tu padre! Que en realidad es el tipo armado del que he hablado casi en cada línea. Que en realidad hace de perro. De perro al que llamas Fifí. Del perro al que dejas que te lama tu seca vagina. Del perro al que permites que lama a tu mejor amiga cuando tú has llegado al límite anorgásmico. El perro al que gratificas con huesos inmateriales para que lama el culo de tu madre. ¡Que en realidad es tu padre! Que en realidad es el tipo armado del que he hablado casi en cada línea. Que en realidad y afortunadamente no existe. Por lo tanto, no es y mucho menos, parece (un poco)…
Greg «Sinécdoque» López
Email del 16 de abril 2019 Leer más »





