Email del 16 de julio 2019

Max Ernst. Birth of zoomorphic couple (1933)

El efecto que quería conseguir era el de un tipo, en este caso yo, cuya estela acaba conduciéndolo irremisiblemente hacia lo que Cayo Julio Higino denominó calígine. Por esa razón situé una cámara que realmente no existía en varios emplazamientos y dediqué parte de la semana a filmar mis entradas y salidas de ninguna parte hacia esas algunas otras partes que en un tiempo relativamente corto se transformarían en otras desemejantes ningunas partes. Te juro por todos los pentimentos imperceptibles y sagrados, que en ese instante de mi vida yo era cualquier cosa excepto un compilador de lugares, aunque quizá es una apreciación propia, pues de todos es sabido que una gran mayoría de las percepciones antiguas o desusadas referentes a los sitios, puntos o espacios está contaminada por los sentimientos, que a su vez están infectados por esas especies de factores coadyuvantes (no sé si podría definirlos así) que representan las circunstancias reales (o actuales). 

Aunque parezca que este texto, o mejor, textillo o minitexto -pues no pienso alargarlo mucho más- se escabulle de forma continuada y regular, es decir, permitiendo que algunas buenas ideas no se desarrollen en su totalidad y contentándose con los lloriqueos y pseudosollozos existenciales tan apreciados por su autor, en realidad forma parte de un extenso monólogo diádico entre lo que yo represento y el monstruo hipomaníaco que vive dentro de mí. Esa forma o configuración espantosa y malvada que ha decidido salir por primera vez al exterior.

(Más tarde)
Mi yo interior salió de mi cuerpo hace siete u ocho horas. En ese tiempo se acomodó en la terracita de un bar, se tomó siete cervezas (cuatro de ellas de importación) y se largó sin abonar la cuenta. Luego se metió en el autobús de la línea 90 y se dirigió hasta el centro de la ciudad, donde lo primero que hizo fue robar un equipo de alta fidelidad valorado en 17000 euros en El Corte Inglés de Colón, para después dirigirse por la calle Miguelete hasta La fuente de las ocho acequias del Turia, en plena plaça de la Mare de Déu, en la cual intentó copular con las ocho estatuas que representan a cada una de dichas acequias, siendo insultado y apedreado por los viandantes y más tarde reducido y puesto a disposición judicial por ocho dotaciones de la Guardia Civil ayudadas por Superman.