Email del 6 de noviembre de 2019

Correggio. The assumption of the Virgin (1530)

NOTA IMPORTANTE: Este texto trata temas como la religión o las funciones corporales excrementales.

«Debéis sacrificaros más, ¡coño!»
(Mensaje místico de la Virgen en su aparición del día 18 de junio de 1965 en Garabandal. Citado con licencia eclesiástica)

A decir verdad el vulgarismo referente al aparato sexual femenino se lo he añadido yo, pero el resto de la frase es real, o por lo menos eso dicen todos los borregos que la escucharon y dieron fe en su día. La verdad es que no me interesa lo más mínimo la Virgen o los sujetos pertenecientes a la gran familia Ovis, pero sí la fecha exacta, pues en ese día, yo, con poco más de tres añitos manifesté mi insatisfacción existencial orinando sobre la cara de mis padres mientras dormían. La demostración terminó cuando mi vejiga se vació por completo y mi madre tuvo que interponerse entre mi padre que blandía un cuchillo jamonero y yo. Al día siguiente un psicólogo infantil con cara de sanción económica me recetó un poco de vida al aire libre. Así es como ingresé en la OJE, ese movimiento franquista perteneciente al Frente de Juventudes. En realidad mi paso por ese grupo duró cinco meses, pues fui expulsado cuando en medio de una acampada en Cáceres sobresalté al mando Perico Pérez Pérez orinándole en la nuca mientras se apretaba un cilicio en el muslo.

A partir de aquel instante llegué a la conclusión de que cuando fuese mayor debía ser urólogo. O por lo menos actor porno especializado en lluvia dorada. Sin embargo he terminado mis días embozado emocionalmente y con inflamación de próstata.

Grego

P. S.
¡He llegado a otra conclusión! Si la valoración (del 0 al 5) que hago de cada una de mis décadas es la que sigue:

Primera década (de 0 a 10 años): 1
Segunda década (de 11 a 20 años): 1
Tercera década (de 21 a 30 años): 0
Cuarta década (de 31 a 40 años): 1
Quinta década (de 41 a 50 años): 1
Sexta década (de 51 años hasta el día de hoy): 0

Entonces, la media no solo es francamente pésima, sino bastante previsible y fácil, tanto de valorar y calcular como de conjeturar o incluso caricaturizar, vulgarizar u otros muchos muchos «ar». ¡Excepto defecar! No permito que nadie deponga o deposite sobre mis evaluaciones.

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