Email del 10 de noviembre 2022

Vladimir Tatlin. Meat (1947)

Hola:

Hace unas cuantas semanas la asociación cárnica del barrio que reúne a matarifes, destazadores, desolladores, carniceros, charcuteros, chacineros, consumidores carnívoros y un número indeterminado de asesinos psicópatas antropófagos, me pidió que creara un himno que los definiera y que fuera fácil de aprender para que pudieran cantarlo en todas las ocasiones en que se reunieran para debatir sus estatutos. Aunque acabé de componerlo hace varios días, fue ayer cuando se lo entregué al director de la congregación que pareció sentirse un poco disgustado, pues me lo arrojó a la cara antes de mandarme a la puta mierda. El cántico, más parecido a un epinicio que a una alabanza miríficamente zonza se titula El mondongo corrongo, pero mejor te copiaré el estribillo:

«El mondongo facilongo que presupongo (pongo, pongo, pongo),
no es bailongo ni se parece a los zorongos (rongos, rongos, rongos)
y si por algún motivo indefinido lo impongo (chu-chuaaaaa, chu-chuaaaaa),
obviamente es porque me sale de los cojonongos (yeah, yeah, yeah)».

Sí, ya sé que la letra está muy alejada de Dylan o Cohen y que el último verso es zafío, horrendo y produce vergüenza ajena, pero por un kilo de codillo y despieces porcinos que es lo que me querían pagar no iba a entregarles la Misa en si menor de Johann Sebastian Bach, ¿no crees?

Greg

P.D.:
Acabo de provocar una erección brutal a un gato -que paseaba tranquilamente por la calle- por medio de la psicoquinesia. Bueno, no es que sea una noticia demasiado importante, pero quería hacerte partícipe de la extraordinaria intensidad emocional de mis actos.