Email del 16 de diciembre 2022

Bartolo Martínez definía a grandes rasgos sus creaciones como «un montón de sandeces manufacturadas para deleitar a la chusma obtusa y obsoleta». De manera más sarcástica, consideraba «básicamente la idea es escribir una serie de majaderías que puedan ser comprendidas por el 99% de la gente de la calle, esa que no es capaz de rascarse el trasero sin ayuda». Desde 1951, fecha de su fallecimiento, hasta el día de hoy, no ha habido un año en que no se haya celebrado una retrospectiva de su obra en cualquier territorio del planeta, exceptuando en los continentes europeo, americano, africano, asiático y oceánico. Incluso eminencias como Albert Einstein, Carl Gustav Jung, Max Born, André Gide y Cantinflas se refirieron a él como uno de los más grandes autores de la Historia.
Bartolo Martínez fue un hombre del renacimiento. Escritor, pintor, escultor, director de cine, matemático y fontanero. Sus padres, Marco Antonio Martínez y Flor Amparo morales abandonaron Quito buscando una vida mejor y terminaron instalándose en el barrio valenciano de Ruzafa donde alquilaron un pequeño kiosko verde extraordinariamente destartalado. Como el negocio marchaba bastante mal y los únicos beneficios se los gastaba Marco Antonio en busconas densas y adherentes, Flor Amparo decidió marcharse a vivir al barrio madrileño de Vallecas sin sospechar que estaba demasiado embarazada. El día 14 de enero de 1923 nació Bartolo en una batanería. Su madre pensó que tenía flatos e intentó dejar escapar el aire mientras tosía fuertemente, pero la ventosidad resultó ser un retoño.
Bartolo creció fuerte y sano gracias a los cuidados de su madre y cuando cumplió los 20 ya era un tipo recio y apolíneo. A partir de esa fecha no tenemos suficientes datos como para completar una semblanza, aunque sabemos que se casó a los 23, se divorció a los 24, se abarraganeó a los 25, se desabarraganeó a los 26, le operaron de una hernia discal a los 27 y murió a los 28. Durante todos esos años escribió seis grandes obras que hoy son consideradas monumentos literarios y arregló catorce grifos y dos letrinas. Fereshteh Ainein Aghdashloo, su biógrafo oficial, mantiene que los personajes principales de cada una de sus novelas experimentan una metamorfosis en la página 367 de cada libro, lo que según él otorga esa «belleza intensa y frágil a cada sustantivo, verbo, preposición, pronombre, adjetivo, adverbio, conjunción e interjección, aunque abusa de las comas, no evita anacolutos, silepsis y solecismos y sus discordancias entre los sujetos y predicados a veces sumen al crítico feroz en un proceloso mar de nervios impuros.»
BIBLIOGRAFÍA.
Narrativa escrita en castellano:
Hongos mucilaginosos en mi bolsillo (1943)
Hongos glutinosos en tu bolsillo (1943)
Hongos mucilaginosos y glutinosos en nuestros bolsillos (1946)
Un agujero en mi bolsillo (1948)
Narrativa escrita en valenciano:
Butxaca amb solapa (1944)
Butxaca sense solapa (1945)
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