Email del 7 de diciembre 2022

William Blake. God judging Adam (1795)

-Nos esforzamos en llenar los bolsillos lo más rápido posible, porque creemos que de esta forma colmamos nuestras existencias, pero mientras perdemos un tiempo precioso e irrecuperable en ello, nuestro cerebro se oxida -Quien así hablaba era Nadie-Ah, un ente incorpóreo que habitaba en ningún lugar.
-Pero maestro, sólo seguimos el guion marcado por la comunidad -repliqué con cierto desasosiego.
-La sociedad sólo es un invento para mantenernos callados y sumisos -sentenció mientras su voz se desvanecía lentamente.
-¿Qué puedo hacer? ¿Qué puedo hacer para salvarme? -pregunté.
-La salvación está lejos de la conciencia reprimida. Lejos de cada uno de las motivaciones y de los pretextos.
-Entonces, ¿he escogido un camino equivocado?
-No existen los caminos ni los destinos. Todo forma parte de una mentira programada. Una mentira programada. Una mentira programada.
Mientras sus palabras se confundían entre las ondas del aire, una súbita idea se encasquilló en mi cabeza. En ese instante decidí que la nada era esa redención tan esperada y decidí quitarme la vida.

Desde que asesiné mi cuerpo soy alguien totalmente diferente. Ya no sufro y nadie, nada, me hace padecer. Vivo envuelto en un color neutro y me alimento de la mezcla de gases que desprende la indiferencia. No necesito justificarme, porque carezco por completo de culpabilidad alguna. No pretendo inmiscuirme en vuestros destinos, porque éstos están completamente agotados. Opino porque sé que no tengo que pagar ningún precio. Conozco cada una de vuestras pequeñas historias y me complace alterarlas a mi antojo, proponiendo argumentos absurdos que envilecen y apresuran el final inevitable. Soy un Dios menor que reniega de la Creación. Tras mi velo inexistente deseo una rápida conclusión que os redima, pero sin exculparos de las consecuencias. La capitulación merece un castigo. Os juzgaré con moderación, pero la penitencia no puede ser invalidada.

Exterminaré a vuestros hijos, pero os mantendré con vida para que derraméis hasta la última lágrima. Propagaré un número ilimitado de enfermedades que, lejos de mataros, harán que os preguntéis si en verdad vale la pena sobrevivir. Vuestras heridas no podrán ser sanadas y tendréis que acostumbraros a vivir con la putrefacción y la inmundicia que desprenderán vuestros pensamientos más sinceros. Os amo tanto como os odio. Y os temo tanto que os prevengo. Dedicaré parte de la eternidad a preparar vuestro futuro, incierto y repleto de angustia e incertidumbre. Y os advierto que mi ira será proporcional a vuestros clamores, vuestros suspiros. Sois suciedad a la que hay que sanear. Sois axiomas cuestionables a los que hay que reprender. Empujaré vuestras almas y zarandearé vuestra confianza hasta que de ellas sólo quede un vestigio ponderable.

-Nos esforzamos en llenar los bolsillos lo más rápido posible, porque creemos que de esta forma colmamos nuestras existencias, pero mientras perdemos un tiempo precioso e irrecuperable en ello, nuestro cerebro se oxida -aseveré con una voz tan atronadora que mi discípulo no tuvo más remedio que taparse los oídos con las manos.
-Pero maestro, sólo seguimos el guion marcado por la comunidad – exclamó mi adepto favorito.
-La sociedad sólo es un invento para mantenernos callados y sumisos -sentencié mirando a las estrellas.
-¿Qué puedo hacer? ¿Qué puedo hacer para salvarme? -masculló mi discípulo.
-La salvación está lejos de la conciencia reprimida. Lejos de cada uno de las motivaciones y de los pretextos.
-Entonces, ¿he escogido un camino equivocado?
-No existen los caminos ni los destinos. Todo forma parte de una mentira programada. Una mentira programada. Una mentira programada.