Email del 27 de febrero 2023

Me encontraba tumbado en el sofá haciéndome cosquillas en la nariz con un pincel rigger cuando de repente noté que tenía un bultito en el septo. Rápidamente me incorporé alarmado por si fuera un cáncer de septum o un granuloma o un epitelioma o un sarcoma o un carcinoma u otro tipo de «oma» y me miré en un espejo. Lo que vi me dejó sin palabras. Representado frente a mí se encontraba lo que hasta en un pasado más o menos reciente era un tipo arriscado y gallardo que se comía el mundo sin cubiertos, sin embargo en el reflejo se podía ver a un carcamal valetudinario con aspecto estropajoso y tan decorativo como un gamborimbo. Después de sentir lástima por mí durante unos minutos me senté en el cojín que uso para meditar y repasé mi larguísimo mantra extraído de un poema de François Villon.
La lluvia nos ha limpiado y lavado,
y el sol desecado y ennegrecido.
La lluvia nos ha limpiado y lavado,
y el sol desecado y ennegrecido.
La lluvia nos ha limpiado y lavado,
y el sol desecado y ennegrecido.
Tras 45 minutos de oración, trascendencia y reflexión decidí que debía volver a encauzar mi vida, pero me entraron ganas de hacer de vientre y el pensamiento voló hacía los cielos inconmensurables y se perdió para siempre circundado de júbilos, algazaras y exaltación. Cuando salí del cuarto de baño volví al sofá, agarré de nuevo el pincel y reanudé la serie de cosquillas nasales desde el punto en que lo había interrumpido. De vez en cuando me tiraba algún pedo que asustaba a las moscas y a las cucarachas mientras soltaba algunos roznidos cthulhunianos.
Unos minutos después me puse a pensar sobre la palatabilidad existencial y la muerte. Luego dibujé en mi mente algunas formas abstractas que me recordaron a ciertos esprits frappeurs que me acompañaron cuando era joven. De pronto comprendí que debía meterme una cuchillada en las entrañas. O mejor, llamar a algún conocido falto de personalidad y convencerlo para que me apuñalara repetidamente y hasta la muerte. Pero, ¿que le prometería a cambio? ¿Dinero? Yo no tengo dinero. ¿Runrún mediático? Conociendo a mis amigos no estoy seguro de que les gustara pasar a la posteridad como unos homicidas en potencia. Aunque era consciente de mis muchas limitaciones, tanto físicas, emocionales o intelectuales, sabía que era absolutamente capaz de convencer a un cocodrilo para que cambiase su dieta cárnica por otra a base de legumbres y cereales. Todavía jugaba con esa idea en la cabeza cuando me vi con el teléfono en la mano llamando a J. ¡No daba señal! Lo intenté con M. ¡Su mujer me dijo que habían tenido una broca brutal y se había largado de casa! Marqué el número de S. ¡El teléfono al que llama tiene restringidas las llamadas entrantes! ¿Qué podía hacer? Esos tres eran los más ingenuos y por lo tanto persuadibles. Decidí retirarme a meditar nuevamente…
La lluvia nos ha limpiado y lavado,
y el sol desecado y ennegrecido.
La lluvia nos ha limpiado y lavado,
y el sol desecado y ennegrecido.
La lluvia nos ha limpiado y lavado,
y el sol desecado y ennegrecido.
Vi praderas repletas de hierba fresca y mojada. Y me vi a mí mismo volando por encima de la majestuosa verdosidad. Advertí que los ratoncillos de campo me confundían con una ave de presa, seguramente un cernícalo primilla o un aguilucho cenizo. Y fui testigo del ataque de una culebra bastante rolliza sobre una lagartija de colores irisados. A lo lejos podía escuchar un concierto de balidos benevolentes acompañados de gritos humanos y ladridos de perros. Cuando me cansé de tanta naturaleza desbocada hice un giro Immelmann e intenté regresar al lugar del que había salido. Pero no me fue fácil, pues me había despistado. Mientras trataba de situarme pensé que tratar de situarme era una mala idea. Aplacaba y sometía mi libertad, así que decidí que lo mejor era perderme. Por lo menos hasta que el mantra dejara de tener sentido y volviera a aterrizar en mi sofá favorito, por supuesto, con cuidado de no derribar ningún propósito reprimido .
La lluvia nos ha limpiado y lavado,
y el sol desecado y ennegrecido.
La lluvia nos ha limpiado y lavado,
y el sol desecado y…
¡Joder! Caí. Sí, caí de la ensoñación. Hice un gran agujero. Sin embargo para la sonrisa que cabalgaba desbocada detrás de mí, eso solamente era un puto socavón. Miré hacia arriba y sobre el cielo raso y sereno refulgía la luna en forma de banana evanescente. No me importaba en absoluto que fuera de día. Mientras trataba de fijar la vista sobre una serie incompleta de rayos culebreantes sentí que yo era yo, es decir, un estafador y trapacero, y que todo lo que intentaba hacer, de alguna extraña manera, me lo hacía a mí mismo. Y que aunque en realidad siempre existen opciones, la dificultad estriba en encontrarlas y enmascararlas.
La lluvia nos ha limpiado y lavado,
y el sol desecado y ennegrecido.
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