
Querida:
Normalmente mis sueños están formados por bucles progresivos saturados de imágenes y símbolos arcanos e incoherentes. De todos esos sueños, hay uno que se repite desde la adolescencia. Lo llamo el sueño de la almorrana mecánica, aunque a veces la almorrana mecánica es sustituida por un dedo hiperrefléxico eléctrico. Intentaré resumirlo de la forma más sencilla posible…
Camino por una calle estrecha abarrotada de gente. De repente una almorrana patológica mecánica de grado IV totalmente prolapsada y de unos cuatro metros cuadrados baja desde el cielo gracias a un mecanismo imposible de comprender para nuestra naturaleza terrestre e intenta entrar dentro de mis pantalones por una de las perneras con vistas a situarse donde suelen descansar las hemorroides. Debido a su descomunal tamaño, el tejido submucoso mecánico me desgarra el pantalón y durante unos segundos la gente puede ver parte de mis testículos, lo que les produce risa, jolgorio y farra, y a mí me sumerge -cuando me despierto- en una depresión que suele durar varias semanas.
El último psicólogo al que visité me dijo que no me preocupara, que mientras la almorrana mecánica no se sintiera amenazada no me atacaría, pero que sería más seguro para mis sueños futuros que llevara siempre conmigo un gran tubo de pomada rectal con acetato de hidrocortisona. Después me pidió que le abonase los 110 euros de la consulta y me deseó suerte, prosperidad y feliz año nuevo, aunque estábamos en julio.