
Querida:
Por favor, pon tus ojos sobre este número: 1000000000000000000000000
Los 24 ceros detrás del primer guarismo natural, el uno (1), significan un billón de billones. Si siempre has pensado que un simple billón (1000000000000) era demasiado, no se me ocurre lo que podrás llegar a pensar sobre la cantidad que últimamente me quita el sueño: un millón de billones o lo que es igual, un trillón.
Ahora deposita de nuevo tus ojos sobre la siguiente cantidad:
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Mucho más sencilla de asimilar, desde luego. Y si la miras detenidamente, incluso tiene un cierto aspecto sicalíptico que la engrandece. Pues bien, 70 (setenta) es la cantidad -en euros- que he podido ahorrar en estos 45 (cuarenta y cinco) años, es decir desde que cumplí la mayoría de edad y pude sacarme una maldita cuenta en el banco más cercano a mi casa, en este caso Bancaja, más tarde BANKIA y ahora Caixabank. El problema es que Caixabank (antes Bancaja y BANKIA) me cobra 60 (sesenta) euros anuales por gastos de tarjeta, con lo que cada mes de diciembre (fun, fun, fun), el 70 (setenta) se transforma en 10 (diez). Para que ese 10 (diez) vuelva a trocarse en 70 (setenta) tengo que ponerme en contacto con el hijo resucitado de cierta deidad que tiene el poder de multiplicar panes y peces para que multiplique mi peculio. Pero esa sencilla multiplicación divina lleva unos gastos, o mejor dicho, ese primogénito que hace muchos años murió por todos nosotros me cobra un 12.5 % (doce y medio) por cada 15 (quince) euros, que si no me equivoco representa poco más de 4 euros (cuatro) por incrementar mi capital hasta la cifra que representa mi pasado, presente y futuro.
Cambiando de tema, posa tu mirada sobre mi bragueta. Sí, ya sé que estoy lejos en estos instantes pero en el cajón de tu mesita de noche tienes una foto de mi paquete. Abre el jodido cajón, saca la puta foto y mira el bulto que se dibuja incluso en esa imagen oscura y poco nítida. Ahora abre el segundo cajón de tu mesita, saca tu cachibache onánico eléctrico con 17 (diecisiete) velocidades y desmelénate todo lo que puedas, pues al fin y al cabo, no sacarás mucho más que eso de esta saturada y rebosante letrina llamada «existencia».
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