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| Jean-Pierre Norblin De La Gourdaine. Writer old man (18th-century) |
Querida amiga:
En el primer capítulo de ¿Qué coño es un nematocisto?, el último cuento en el que estoy trabajando, Martín Martín, el protagonista asexuado y apotemnofóbico, es descubierto mientras acaricia una pechuga de pollo fileteada por Martín Martín, su hermano gemelo y enemigo circunstancial. Cuando Martín Martín le suplica a Martín Martín que por favor no cuente lo que acaba de contemplar, Martín Martín le promete no hacerlo siempre que él se comprometa a preparar la cena durante los próximos 40 años. Al principio Martín Martín intenta negociar la cantidad a 39 años y medio, pero al ver que Martín Martín es inflexible claudica no sin antes maldecir a los ascendientes de Martín Martín, que por una extraña coincidencia son también los suyos.
En el segundo capítulo, Martín Martín se casa con Gutiérrez Gutiérrez, una chica bastante poco atractiva que tiene una hermana que es una monada. Unos días después, Martín Martín le mete mano a la Gutiérrez Gutiérrez equivocada y esta se lo cuenta a su hermana. Cuando Gutiérrez Gutiérrez le pide el divorcio, Martín Martín le jura que el que se ha comportado como un puerco lascivo ha sido su hermano. Gutiérrez Gutiérrez le dice que le cree pero al mismo tiempo se cita esa misma tarde con el otro Martín Martín y ambos mariposean, abejean y gorrionean durante 152 minutos. Al llegar a casa 17 minutos más tarde, Martín Martín le pregunta a Gutiérrez Gutiérrez por qué ha llegado tan tarde. Gutiérrez Gutiérrez le contesta que había cola en la clínica ginecológica pero que no se preocupe, que todo en sus partes funciona perfectamente. Entonces Martín Martín le dice que su hermano todavía no ha llegado para hacerles la cena y que se le están hinchando las glándulas. Al final llega Martín Martín que se disculpa aduciendo que había una cola larguísima en la clínica andrológica y que les va a preparar una «soupe aux oignons» con la que se chuparán los dedos.
El capítulo tercero no es nada interesante y el cuarto resulta totalmente fallido en su concepción. Afortunadamente el resto de capítulos son tan excepcionales como el primero y el segundo, por lo que no he de preocuparme en demasía. Sin embargo me preocupo. Es decir, me preocupa que no me preocupe lo más mínimo preocuparme. Al mismo tiempo no me preocupa no preocuparme en demasía. Por lo tanto la preocupación anula a la despreocupación y el resultado es un bonito dolor de cabeza. Pero no me preocupa la cefalea porque tengo aspirinas. Lo que realmente me preocupa es lo que la aspirina puede hacer en mi estómago. También me preocupa que el doctor Cárcel Cárcel, mi gastroenterólogo preferido, esté en la cárcel acusado de abusar de unos pececillos de diferentes colorcillos.
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