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| Dana Schutz. Poisoned man (2005) |
Mi memoria está completamente deteriorada. Supongo que debería dejar que un neuromatasanos me revisara la corteza cingulada. Aunque también podría introducir la cabeza en uno de los programas de centrifugado de mi lavadora Balay. Las posibilidades son casi infinitas. ¿Sabes? A menudo me siento perdido, en otras me siento podrido, pero la mayor parte de las veces me siento en el sofá. Lo que trato de expresarte es… ¡Joder! ¡No tengo ni puta idea de cómo dirigir mi vida! ¡Si pudiese conseguir un tósigo rápido e indoloro!
Ayer soñé que los espectros de mis antepasados se introducían en mi ano. Una vez dentro de él, se ponían a jugar a la goma elástica:
«Don Melitón tenía tres gatooooos
que los hacía bailar en un platooooo
y por las noches les daba turróoooon.
¡Qué vivan los gatos de Don Melitóoooon!
Don Melitón como era tan chatooooo
le llamaban narices de gatooooo,
pero los gatos se le han escapaooooo
comiendo ratones a medio bocaooooo.»
Cuando desperté lo primero que hice fue no hacer nada. Y después de no hacer nada durante un rato decidí que me gustaba no hacer nada a tiempo completo, así que continué sin hacer nada hasta hace solo unos pocos minutos en que he sentido unos irrefrenables deseos de contarte en tres párrafos lo bochornosa que resulta mi existencia. ¡Si pudiese conseguir un tósigo rápido e indoloro!
Parece que la mueca es demasiado pronunciada. O quizá es que el espejo se está curvando. Sea lo que fuere, mi saliva se ha endurecido y ahora se asemeja a una lágrima ultracongelada. Supongo que si fuera un poco más sensato dejaría de preocuparme, la descongelaría en el microondas y me la prepararía al ajillo o al pil pil. Pero antes de que esa formidable inconsistencia pueda llegar a concretarse tengo que diseñar una estrategia. O restaurar los archivos de la anterior estrategia. O no limitarme a una única y limitada estrategia. O robar a alguien su jodida estrategia. ¡Si pudiese conseguir un tósigo rápido e indoloro!
