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| Francisco de Goya. San Gregorio Magno (1797) |
Hola:
Yo, Gregorio López Pérez, declaro bajo juramento, no encontrándome sometido por ningún tipo de coacción verbal o violencia física, y en un acto de valentía emocional sin precedentes, que no soy Gregorio López Pérez. Pude llegar a serlo, pero afortunadamente me di cuenta del peligro que acarreaba estar bajo la piel -muy grasa, por cierto- de semejante desequilibrado y opté por no ser nada. Siendo nada, no tengo opción de ser algo, pero puedo solicitar un certificado de empadronamiento entrópico, aunque es un proceso dificultoso y que suele alargarse en el tiempo. Sin embargo -y aunque pueda parecer una incoherencia- no existiendo puedo llegar a permanecer, resistir y mantenerme sin que nadie me denigre por no abandonar, desistir o renunciar demasiado. Y eso, contemplado desde cualquier punto de vista es una irrefutable victoria. Quizá por esa razón me considero un triunfador, aunque podría permitir perfectamente a otra inexistencia de la misma calaña que yo, que me confundiera con un embaucador, pues ambos vocablos son parecidos, y aunque no significan lo mismo, conservan esa pequeña dosis de majestad incongruente que diferencia a las palabras manufacturadas con el único fin de terminar con una conversación aburrida, de las que incitan a iniciar un diálogo burbujeante y repleto de dobles sentidos y yumyumyums fonético-empíreo-orgásmicos.
El Gregorio «no existente».
P.S.
Al no ser nada, ya no desarrollo aspiradoras con cable.
