Email del 22 de julio 2018

Otto Dix. Corpse of a horse (1924)

Hola:

Hoy me he dado cuenta de que cada día me parezco más al marujón que seré si el proceso de envejecimiento sigue su curso predeterminado. No contento con limpiar e higienizar las pilas de la cocina y el aseo con litros y litros de lejía, me he armado de valor y me he propuesto dejar inmaculada la nevera por dentro y por fuera. ¡Y lo he conseguido! Y como después de semejante hazaña, todavía me quedaban fuerzas para seguir limpiando, he llamado al timbre de la vecina y me he ofrecido graciosamente a limpiarle su ropa interior a mano con Norit. Naturalmente mi proposición no le ha gustado demasiado a su amante y no me ha quedado más remedio que lavarle también a él sus calzoncillos. Después de la maratón de fregado, saneamiento y desinfección me he acercado a mi bar favorito y me he tirado un pedo extraordinariamente silencioso en la barra. Al principio los efluvios no se han desplazado demasiado desde el lugar donde fueron expedidos con algazara y garbo, pero al cabo de un par de minutos los clientes han empezado a quejarse y uno ha terminado preguntando a la camarera china si se había muerto su abuela.

Te he contado lo que me ha sucedido esta mañana porque sé que eres la única persona en el mundo capaz de comprender lo que hago, lo que no hago, lo que haré si me tomo unas cuantas anfetaminas y lo que no haré bajo ninguna circunstancia. Y no te cuento lo que pienso hacer por la tarde porque no pienso hacer nada en absoluto. Solo no haciendo nada en absoluto hago algo de una manera relativa. Y si relativizo cualquier cosa, incluidos mis actos más inadmisibles, me siento menos culpable de ser superior al resto de relativizadores absolutistas. ¿Te das cuenta de lo que trato de decirte? Necesito algo por lo que vivir y luchar. Aunque ese algo no sea más que el jodido algo de siempre alterado. Si soy capaz de creer que ese algo de siempre es único y especial, mi vida podría seguir desplazándose hacía atrás sin necesidad de tener que mentirme continuamente, solo para poder sentir que la existencia es justa y yo soy un tipo coherente. Porque ni la existencia es justa ni yo, por supuesto, soy un tipo coherente. Si la existencia fuera justa y yo un tipo coherente, ¿crees que la marca Norit seguiría con el logotipo del corderito o que yo perdería tal cantidad de tiempo meditando sobre la absurdidad sentimental, elemental y excremental? Todo es nada, excepto todo, por lo tanto, todo es todo. Para que todo el todo absoluto llegue a ser algo similar a la nada relativa, todos los pobladores del planeta deberían sufrir una isquemia cerebral. Pero las probabilidades de que todos los pobladores del planeta sufran un ictus a la misma hora son bastante escasas. De esa manera el todo y la nada pueden seguir siendo lo que se supone que son, todo y nada, o nada y todo, aunque en determinadas ocasiones el todo no vale una puta mierda porque tendemos a relativizarlo y la nada es demasiado poco absoluta.

Y mientras las piedras descansen en el suelo y no se utilicen para lo que han sido diseñadas, es decir, para romper cráneos humanos, se me antoja una inmensa tontería insistir con demasiada rigidez acerca de lo que es o no relativo o absoluto. El problema es que soy incapaz de insistir con demasiada flexibilidad. Quizá debería probar a insistir sin insistir, pero entonces no se podría decir que insisto, sino que desisto. Y no conozco a nadie que sea capaz de desistir, ni siquiera existir, ni con la rigidez necesaria ni de una manera más flexible, ya sabes, parecida a la de una ramera sagrada. Pero si no insisto ni desisto, y mucho menos, existo, ¿entonces?, ¡entonces estoy meando fuera del tiesto! Y si meo fuera del tiesto, es que mi trastornado progenitor tenía razón cuando se desgañitaba explicando al resto de la raza humana que yo era un pelele y un pazguato de mil cojones. Y que se arrepentía de haber derramado su delicioso fluido espeso de color blanquecino repleto de espermatozoides campeones sobre el óvulo de mi madre. ¡Es verdad! Soy un gilipollas absoluto, aunque me presente como una omnipotencia relativa. Debería descuartizarme e introducirme en varias fiambreras gigantes repletas de formol. ¿Formol?

Greg

PD:

¡Formol!