Email del 21 de diciembre 2015

Carsten Nicolai. Void (2002)

No estoy de acuerdo con nada. Acepto la imposibilidad como un placebo que me azota cada mañana, pero sigo sin comprender cualquier hecho que tenga que ver con las circunstancias o particularidades humanas. Por esa razón me enfrento a todo. ¿De dónde nace la cándida pasión a regocijarme de mi asqueamiento social? Sólo me quedan unos pocos sueños. Algunos de ellos los he pagado, pero la mayor parte permanecen parapetados tras mi orgullo buscando un razonamiento que los libere. ¡Soy un objeto! Me niego a transformarme en un yo. Mi conciencia adormecida me grita que me una al ser, pero el ser se inmoló cuando comprendió que cada éxtasis, cada acción y reacción, cada suspiro y cada impetración no eran más que un argumento neutro concebido para magnificar la tensión irracional del sufrimiento.

A los mirlos les encanta el tocino. Por lo menos eso he leído en un texto sobre la naturaleza. Yo tengo algunos mirlos en la cabeza, pero mi corazón está repleto de cuervos que se alimentan en los basureros de la desesperación. Podría levantar mis brazos y clamar a ese invento de los mortales llamado Dios para que narcotizara mis impulsos, pero ya me he vendido bastantes veces. ¿Cambiaría algo si lo hiciese una vez más?

El vacío interior es como una puesta de sol sin sol. Una especie de amanecer oscuro y aterrador que obliga al enfermo a sumirse en una eternidad irreconocible, extraña, inconsciente. Un categórico y definitivo acercamiento al secreto que esconde la inmanencia. Todo lo que no es accesible para los que creen en un único e intransferible todo y abominan de la nada. La nada, esa terrible carencia que permanece enhiesta como un tronco viejo y carcomido, mientras a su alrededor nacen brotes nuevos que algún día serán pisoteados. ¡Es tan fácil destruir! Tan sencillo como inventar una mentira. Tan útil como clavar un alfiler en un muñeco de trapo. Tan necesario como despilfarrar esa magnitud física que es el tiempo.

Así como el psicópata tiene que inventar nuevas maneras de proporcionarse satisfacción interior por medio de la sangre y el dolor ajeno, yo necesito llegar a un punto donde no exista la continuación ni la permanencia. Un espacio rodeado de percepciones fingidas y eternidades desteñidas. Un lugar alejado del resto de lugares, donde escupir y defecar sobre los Dioses no esté castigado con la pena máxima. La sociedad nos necesita para adquirirnos y devolvernos. Para hacernos sentir putas y chulos al mismo tiempo. La sociedad es una corporación. O estás fuera o estás dentro. Si decides meterte en la mierda y creer que por medio de actualizaciones diarias llegarás a saber de qué va todo esto…

Cada uno de nosotros tiene una teoría favorita sobre el cuándo, el cómo y el porqué. Algunos incluso van más lejos y son capaces de interrogarse sobre el qué, el quién y el dónde. Yo me conformo con asustar a los mirlos y jugar con los cuervos. Supongo que en un mundo paralelo las cosas funcionarán de un modo diferente.