Email del 18 de diciembre 2015

Giovanni Battista Piranesi. Bust of unknown

Hola:

Es muy posible que el ente que vive en mi hogar y que mueve los objetos y hace saltar los fusibles se esté vengando en mi persona por algo que le sucedió en otros tiempos, puede que incluso en alguno de los innumerables multiuniversos. No sé. Quizá esa fuerza está ligada de alguna forma a mi propio ser y hasta es posible que sea yo, o algo que anida en mi interior el causante de todo. Lo único que soy capaz de explicar, o mejor, lo único que soy capaz de explicarme a mí mismo es que algo vive en cada una de las habitaciones de esta inmensa casa. A veces puedo sentir su presencia. La siento cuando apago la luz. La percibo en los momentos en los que mi espíritu se siente más decaído. Escucho los ruidos que provoca. Advierto cuando interrumpe las llamadas telefónicas. La verdad es que nunca le he visto pero se que está ahí. Pero si no hay nadie, si ÉL soy yo, si esa cosa duerme en alguna parte de mi cuerpo, ¿de qué manera puedo alejarme de mí mismo?

Supongamos que esa entidad, o esencia, o como quiera que pueda llamársele, no soy yo, sino algo que está por encima del conocimiento humano; si esa visión interior, ese ser inmaterial dotado de cierta inteligencia y proclive a la iniquidad, habita en este domicilio, ¿cómo puedo defenderme? ¿Cómo puedo proteger mis pensamientos, mis emociones, mis días y mis noches? Pensar que las huellas de mis zapatos se superponen a las suyas no ayuda a estabilizar el terror cerval que me provoca su existencia. O su inexistencia.

Mi intimidad se aferra a un rincón en el que me siento bastante seguro. Sé que ÉL nunca se atreverá a traspasar ciertas líneas. Pero mi esquina, mi recoveco, tiene un tamaño definido y no es posible incrementarlo. Sin embargo la entelequia aumenta su poder y su tamaño cuando mi denuedo se acoquina. Necesito saber cúal es la verdadera diferencia entre infinito y eterno. Entre seguro y evidente. ¡Me gustaría tanto dejar de pensar en la muerte! Conozco sus preferencias y tengo claro que es perfecta. Pero la excelencia no es tal cuando se vive agazapado en un escondrijo oscuro escuchando jadeos y sintiendo que algo que quizá no existe se divierte contemplando mis recelos.

En ninguna parte se está mejor que en la camilla con sistema hidráulico esperando la prosección.