Email del 16 de diciembre 2015

Jean-Michel Basquiat. God, law (1981)  

Hola:

Mi cuento titulado «Dios» ha ganado el primer premio del concurso literario para degenerados que organicé el mes pasado. Como fui el único que presento algún texto, el jurado, compuesto por mí mismo, no ha tenido ninguna dificultad en deliberar y llegar a una conclusión. Por esa razón, además de recibir el primer premio, el segundo, el tercero y catorce accésits de compensación, he sido gratificado con un magnífico viaje al bar de la esquina, donde se rumorea -en realidad los rumores los he distribuido yo- que seré agasajado con una fabulosa cena consistente en un bocadillo de bacalao rebozado con pimientos verdes fritos y un par de birras. Pero creo que será mejor que te regale unas cuantas líneas para que caigas rendida ante la exuberante calidad literaria de mi prosa y el fino y magistral argumento tejido a base de sobresaltos que dejaría patidifuso de envidia hasta al mismísimo Michael Chabon. Ahí van un par de párrafos:

«-Naturalmente, cuando se regresa de una orgía celestial se encuentra uno cansado y lo más necesario en esos instantes es meterse en la ducha -se comentó a si mismo Dios mientras contemplaba absorto la flacided de su pene-. Una vez limpio y reconfortado suelo apuntar en una libreta negra la cantidad de erecciones salvajes que he tenido y la duración de éstas. Yo, al contrario que otros que conozco, no llevo un recuento de los orgasmos que he proporcionado, más que nada porque me importa poco si los he producido o no. Como soy un egoísta de tomo y lomo, lo único que me interesa es mi placer personal.

Dios era un prepotente y siempre hablaba sólo. Aborrecia el contacto con otras deidades ya que éstas siempre se referían a él llamándolo «el viejo trotón fanfarrón». Hacía milenios que tenía que demostrarse que su existencia estaba plenamente justificada y una forma de acreditar su validez era asistiendo a bacanales donde experimentaba con todo tipo de placeres, tanto sensuales como perversos. Aunque su belleza todavía era apolínea, no lo era su miembro viril, que desgastado por continuas correrías se asemejaba más a un pimiento Capsicum annuum de la variedad longum».

El editor de esta obra maestra (yo, lo has adivinado) ya está preparando la segunda parte que promete será espeluznantemente increíble. En ella se indaga en el nacimiento, infancia y las primeras experiencias de la vida de esa deidad prefabricada por los mortales para tener una cabeza de turco cuando se meten en problemas.