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| Bob Law. Nothing to be afraid (1969) |
DEDICADO A UN MALTRATADOR SOCIÓPATA:
En una de las estanterías de mi habitación descansa una caja negra de cartón duro repleta de aire. A su lado hay una pequeña figurita sin forma que no representa nada. La fabriqué yo mismo hace unos pocos años con arcilla caducada y la pinté mezclando varios colores y diferentes pigmentos una mañana que no encontraba solución a mi desconcierto habitual. Durante un tiempo pensé seriamente en guardar la figura en la caja negra, pero un día llegué a la conclusión de que antes tendría que sacar el aire de ésta y depositarlo en otro lugar resguardándolo de la luz mortecina que se filtra por el agujero de la cortina que cubre la ventana. Por lo que decidí seguir manteniendo la caja cerrada y poner la figurita encima, con lo cual he ganado un espacio libre en la balda en el que puedo depositar parte de mi colección invisible de Nada, compuesta por ausencias recolectadas en diferentes momentos de mi vida. Entre esas inexistencias hay una que significa mucho para mí. La secuestré cuando todavía era un conjunto de vacío ontológico y desde entonces no ha variado lo más mínimo en su objetividad física. Aunque no estoy seguro de que sea una buena idea mantenerla al lado del resto de carencias.
En mi opinión, sólo existe el tiempo si te paras a pensarlo. Mientras uno siga conservando firme el convencimiento de que la duración es una realidad poco específica, no tiene que preocuparse de los imperfectos inconvenientes que reducen los periodos a una perspectiva finita. Odio admitirlo pero, los cambios suceden porque, básicamente, no estamos preparados para aceptar nuestra propia incapacidad para soportarlos. Creemos en un criterio básico y rápidamente lo extrapolamos para no caer en la tentación de mantenerlo hasta que se convierta en una solución factible. Nadie se atreve a cuestionar su metodología. Si lo hiciera, un montón de mundos irreales que revolotean sobre sus inconsciencias absurdas y prefabricadas se estrellarían contra la fe que las hace creíbles. Y de repente, carecerían de una superficie a la que asignar una posición. Eso desbarataría por completo sus creencias más firmes y los haría todavía más vulnerables.
Maldito maltratador sociópata: todos y cada uno de tus Algo son irreductibles y sostienen su intensidad indeterminada. Los mantienes con vida para objetivizar tus remordimientos. A veces has pensado en quemarlos en una pira de fuego, pero al final has optado por concentrarlos en un mismo espacio y alimentarlos con ficción y decadencia. Al fin y al cabo, forman parte de los embustes que fabricas ordenadamente para justificar la irrealidad. ¡Deberías sentirte cansado de inmiscuirte en oquedades ajenas!
