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| Travis Louie |
Hola por segunda vez:
Antes te escribía con un cigarro en los dedos; como ya no fumo, lo hago con el tallo de un puerro en la boca. Incluso salgo a la calle con esa liliácea sobresaliendo 25 cm de mis labios, lo que me da un aspecto de artiodáctilo excéntrico que produce algo de temor a algunos viandantes, sobre todo a las ancianitas, que me miran con una mezcla de asco y asombro. ¡Supongo que en sus tiempos no sucedían estas cosas! Hace un rato, por ponerte un ejemplo, una se ha persignado cuando me lo he sacado del hocico y me he rascado el trasero con él por medio de movimientos acompasados y rítmicos. ¡Me encanta restregármelo con lascivia por las diversas partes de mi cuerpo casi perfecto! Aunque me gustaría que el público que asiste a las representaciones tuviera menos de 50 años. Mañana pienso frotarme la entrepierna con una berenjena cuando esté haciendo cola en la pescadería. Si no me detienen, incluso es posible que sustituya la solanácea por una caballa, por supuesto, abonando su precio antes del espectáculo.
Hace algunos años, representé el mismo numerito delante de unos albañiles; intentaba seducir a una encofradora de 32 años, pero el plan resulto fallido, pues varios obreros mal afeitados del género masculino y con barrigas flácidas quisieron violarme (o lapidarme) y tuve que correr para salvar mi vida. No me gustaría que después de leer este tipo de confesiones perverso-sexual-paranoicas creyeras que simplemente soy un maldito exhibicionista. No lo hago para disfrutar. Lo hago porque me gusta montar pequeñas representaciones enfermizas, y sobre todo, contemplar la cara de estupefacción que ponen los que se ven obligados a contemplarlas.
Como tú sabes, sostengo desde hace decenios la teoría de que «todo es culpa del receptor, nunca del emisor», por lo tanto, haga lo que haga en el futuro y, créeme, pienso hacer muchas animaladas, nunca llegaré a sentirme diferente, aunque es posible que lo sea. De momento sólo lo parezco. Y si todo me sale como lo tengo planeado, te aseguro que dentro de pocas semanas oirás hablar de mí, ¡y no en un comercio de barrio! Tengo planeado abrir en canal al aire y exponer sus entrañas en un parque público.
Abrazo
