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| Rubens. The head of the Medusa (1618) |
Hola:
Odio mi nombre y mis patronímicos. De ahora en adelante seré Ufff para todos. Corto conciso y descriptivo. Pero no Ufff López Pérez, no, simplemente Ufff. Llevo varias horas dándole vueltas a la necesidad de un cambio total, y no se me ocurre una mejor forma de llevarlo al límite que empezar por el nombre. Y ya no tengo 51 años, sino 24. He dejado de ser un maduro inconformista para convertirme en un jovencito vivaracho, coqueto, presumido y salvaje. El resto de cambios los irás padeciendo poco a poco, pero por ser quien eres voy a adelantarte algunos:
-Mi cabello será rubio, mis ojos azules.
-La medida precisa de mi miembro viril pasará a 31.7 cm.
-Tendré un lunar con forma de damajuana en el costado derecho y una peca minúscula pero sensual en le mejilla derecha.
-Un halo resplandeciente rodeará mi cuerpo.
Pero esta fabulosa metamorfosis no sólo me afectará a mí. El resto de humanos también la padeceréis. De ahora en adelante todos vosotros, sin excepción, seréis memos inadaptados y sumisos. Con bocio colgando en el cuello y pústulas sanguinolentas rodeándoos la piel. Cuando intentéis reír se os caerán varios dientes y los animales huirán despavoridos cuando se crucen con vuestra sombra. En lugar de hablar ulularéis y el infecto olor que desprenderá vuestro cuerpo bastará para que el futuro de la raza quede marcado a fuego en el calendario. Os arrastraréis suplicando un final rápido, pero se os será denegado. Denegado por mí, que seré Dios. Denegado por mí y mi infinita malignidad. Malviviréis hasta que la risa que me produzcan vuestros lamentos se convierta en un continente.
Que así quede escrito y así se cumpla.
